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UNAM y universidades federales: reconfigurar el acceso a la educación superior en México

UNAM y universidades federales: reconfigurar el acceso a la educación superior en México

Por Francisco Vázquez Salazar

Con un examen de admisión de aspirantes hoy altamente cuestionado por su aplicación en línea, y secuelas que vienen de antes por el limitado número de lugares que se oferta a las y los jóvenes, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se pone al centro  de  un  debate añejo sobre el acceso a la educación superior… y algo bueno saldrá de todo esto.

Es buen momento para hablar de los retos que tiene la máxima casa de estudios para asumirse con todo rigor como nacional y expandir de manera notable su oferta educativa y su matrícula a lo largo y ancho del país. 

Este reto será difícil de lograr sin los presupuestos adecuados ni las capacidades de planeación necesarias, pero debiera ponerse por encima de la situación coyuntural que actualmente atraviesa la universidad nacional. 

Lo que actualmente se discute en relación con la UNAM lleva a un sinfín de lecturas más allá de lo que origina la situación.

Escuchaba a un destacado comentarista de noticias señalar que ahora también se ha agotado este modelo de asegurar un lugar en una universidad pública, pero anteponiendo como principal argumento el objetivo  de las familias de evitar pagar colegiaturas en universidades privadas.

No se repara en el prestigio que implica estudiar en la denominada Universidad de la Nación, cuyas actividades sustantivas de docencia, investigación y difusión de la cultura le confieren ser la más importante de México y de las más notables en Hispanoamérica.

Otras voces evidentemente están aprovechando el momento para hacer reflexiones desde una visión privatizadora de la educación, resaltando las bondades de la enseñanza privada y mirando a la distancia, como con cierta condolencia, lo que sucede en la UNAM.

De manera  histórica, está ligado a la máxima casa de estudios un inobjetable factor de movilidad social, tan es así que muchas y muchos de sus egresados han sido partícipes de manera destacada del  desarrollo de nuestro país, y ahí está el caso de la Presidenta Claudia Sheinbaum, docente e investigadora universitaria.

Buen momento también para incorporar al debate la aportación, y necesaria visibilidad, que deben tener las universidades Nacional Rosario Castellano (UNRC) y para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ), ambas instituidas en  los gobiernos de  la Cuarta Transformación.

En México, de acuerdo con cifras oficiales, la Tasa Bruta de Cobertura (TBC) en educación superior es de 45.1%, lo que está por debajo  del promedio en América Latina (alrededor del 55%). En la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ocupamos el último lugar en cuanto a  población adulta con título universitario.

Con la Presidenta como principal impulsora de las nuevas opciones educativas en el nivel  universitario, hay en este esfuerzo una conciencia política y social que entiende que lo mejor que debe pasar con nuestras y nuestros jóvenes es que estén en las aulas formándose para contribuir de manera armoniosa el desarrollo del país.

En apenas unos años, la Universidad Nacional Rosario Castellanos ha pasado de ser un proyecto acotado a la Ciudad de México a convertirse en uno de los brazos más ambiciosos de la política de educación superior del gobierno mexicano.

Hoy, la institución atiende a más de 94 mil estudiantes bajo un modelo gratuito, flexible y sin examen de admisión, que combina modalidades presencial-híbrida, semipresencial y a distancia. Su promesa es contundente:150 mil espacios nuevos a lo largo del sexenio, como parte de un plan federal que considera 330 mil lugares de educación superior en todo el país, casi la matrícula actual de la UNAM.

Respecto a las Universidades para el Bienestar Benito Juárez, su principal virtud es que se ubican donde jamás se pensaría  pudiese haber  una  unidad educativa  para atender la  demanda de  educación superior en localidades apartadas del  país. Su actual  matrícula es de  85 mil estudiantes,  quienes  asisten de  manera  presencial  en 214 sedes  a lo largo de la geografía nacional. 

Ambas, tanto la UNRC como las UBBJ, presentan una oferta educativa pertinente, enfocada en formar profesionales vinculados a nuevas tecnologías, como la IA; el desarrollo de las industrias nacional y local, y la atención a fenómenos sociales que requieren de una visión comprensiva y la consolidación de  los  lazos  comunitarios. 

Paulatinamente, la cobertura en la educación  superior va avanzando, se refleja ya en varios indicadores nacionales e internacionales, y siempre  será  permanente el reto de la calidad. 

Será bueno que ante lo que acontece en la UNAM se pueda analizar las contribuciones de  las universidades  federales y mostrar a las y los jóvenes que demandan estar en las aulas que hay cada vez más opciones para recibirlos, con un abierto sentido de  equidad y justicia social.