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  • hace 3 días
  • 14:01
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Resultados en salud 2025: De la estadística a la empatía

En la narrativa de la administración pública, los números suelen ser los protagonistas indiscutibles. Son, a primera vista, la prueba irrefutable de que el gobierno avanza, de que la maquinaria estatal funciona y de que los compromisos se cumplen. Sin embargo, en un terreno tan sensible como la salud pública, la frialdad de la aritmética a menudo choca con la calidez necesaria en el trato humano.

Recientemente durante la "Mañanera del Pueblo", se presentaron los resultados del sector salud correspondientes al cierre del año 2025. Las cifras, hay que decirlo claramente, son contundentes y reflejan un esfuerzo titánico por parte del Estado Mexicano para recuperar la operatividad de nuestras instituciones.

Ver al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) reportar la realización de más de 300 mil cirugías, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informar sobre más de 100 millones de atenciones en medicina familiar, o bien, al IMSS-Bienestar alcanzar 123% de cumplimiento en consultas de especialidad, nos habla de un sistema que ha despertado de su letargo. 

Es innegable que el "músculo" institucional se está recuperando. La inversión en infraestructura, la reconstrucción de hospitales siniestrados por los sismos del 2017, la proyección de nuevas unidades médicas, la contratación de médicos especialistas y la rehabilitación de quirófanos son realidades tangibles. La estrategia de ampliar jornadas y optimizar recursos ha funcionado para mover los indicadores de la salud. Negar este avance sería faltar a la verdad y caer en una ceguera opositora que no abona a la construcción del país.

No obstante, como usuarios del sistema, tenemos la obligación de ir más allá de las estadísticas del informe. Existe un riesgo latente cuando la gestión de la salud se mide exclusivamente bajo parámetros de productividad industrial.

La "numeralia" presentada es exitosa en términos administrativos, sin duda. Pero corre el peligro de volverse autocomplaciente si no la contrastamos con la realidad social que viven a diario millones de mexicanos. Celebrar que se otorgaron millones de consultas y cirugías es vital, pero la pregunta de fondo -la que verdaderamente importa a las familias mexicanas- es: ¿Esas atenciones médicas resolvieron el problema de salud? ¿Fueron, en muchos casos, un trámite burocrático apresurado para cumplir con una cuota diaria?

Cuando un médico se ve presionado por atender a un paciente cada 10 o 15 minutos para "llenar el número", lo que se sacrifica inevitablemente es la calidad, el diagnóstico certero y, lo más doloroso, la empatía.

No podemos permitir que el éxito de la salud pública se mida como si se tratara de una fábrica de producción en serie. Un paciente no es una pieza en una línea de ensamblaje; es un ser humano con miedos, con dolor y con la esperanza de ser escuchado.

No podemos ignorar que instituciones pilares como el IMSS y el ISSSTE siguen enfrentando retos mayúsculos en materia de derechos humanos. Históricamente, estas instituciones han encabezado las listas de quejas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Y estas quejas, en su mayoría, son por supuestas violaciones al derecho humano a la salud (calidad en el trato, largos tiempos de espera, falta de información y de medicamentos, entre otras situaciones).

La productividad es necesaria, sí, pero no es suficiente. Operar y dar consultas a millones de pacientes es un logro logístico, pero garantizar que cada una de esas personas haya recibido un trato digno, con empatía y con los insumos completos, y en el menor tiempo posible, es el verdadero logro social al que aspiramos en la Cuarta Transformación de la vida pública.

El reto para este 2026, ahora que los cimientos están puestos, debe ser cualitativo no cuantitativo. El desafío es transitar de la obsesión por la "cantidad" a la exigencia irrenunciable de la "calidad". Debemos aspirar a un sistema donde el éxito no se mida por cuántas cirugías o consultas se dieron, sino por cuántas personas recuperaron su salud sin tener que recurrir al gasto de bolsillo en consultorios privados y por cuantas quejas se disminuyeron ante la CNDH.

La humanización de la salud es la siguiente gran frontera. Necesitamos que los números récord se traduzcan en historias de satisfacción en todas las unidades médicas del país tanto en las rurales como en las urbanas.

Celebremos la recuperación operativa del Estado, reconozcamos el trabajo de las miles de enfermeras y médicos que hacen posible esta estadística, pero no bajemos la guardia. La autocomplacencia es el peor enemigo del bienestar. Sigamos exigiendo, proponiendo y construyendo un sistema de salud que, además de ser gratuito y universal, sea profundamente humano. Porque al final del día, la salud es un derecho constitucional, no una estadística en un Power Point o un Excel.