Día a día, la Patria se construye. Pero también, día a día, suceden situaciones que la observan, la cuestionan, la ponen en encrucijadas.
Luego de la acusación que Estados Unidos hizo al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a varios de sus funcionarios, cercanos o aliados, por presuntos vínculos con el narcotráfico, la comentocracia de nuestro país sacó sus mejores suertes intelectuales para apuntar hacia la Presidenta Claudia Sheinbaum y acotarle su destino: Claudia ante una disyuntiva, desafío, prueba de fuego, espadas y paredes… y lo que se nos pueda ocurrir.
La Presidenta y lo que haga estará dentro de sus soberanas decisiones que han de trascender cualquier marca, reto o provocación. Por muy inesperado que sea un suceso -y miren que este no es el caso- hay un aparato de Estado funcionando y una o varias estrategias que, aún con márgenes de error, avanzan hacia propósitos superiores.
El coctel es apetitoso: un gobernador con antecedentes y actuaciones polémicas en varios episodios locales pero con trascendencia nacional, y un país, Estados Unidos, con abierto interés imperialista y una agenda internacional que desarma cualquier relación diplomática de colaboración y cooperación.
Que si callejón sin salida, que si debilidad institucional, que si mandato condicionado, lo cierto es que hay en México una Presidenta plantada, y así lo demostró su pronunciamiento en la conferencia matutina del 30 de abril, donde respondió a la demanda estadounidense en el caso Sinaloa: Verdad, Justicia y Defensa de la Soberanía.
Esta resulta ser una frase y llamado a la acción efectiva que abona al imaginario colectivo de lo que hoy es México, adentro y afuera. Tres nociones o conceptos que remiten a una postura sostenible ante las escaramuzas y los escenarios creados desde los scripts alistados para aprovechar cualquier escenario que abra espacios a propósitos inconfesables, generalmente ligados a las oposiciones (en este caso la derecha conservadora y radical) y el injerencismo que busca señales por doquier para aplacar sus asuntos internos y abrir espacios de “negociación” a su modo ahí donde pretende pisar.
Si lo que tenga el Departamento de Justicia de Estados Unidos, a través de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, más lo que pueda sumar aquí la FGR, para indiciar con pruebas contundentes no es suficiente, entonces la cosa es política, ha dicho la Presidenta.
¿Pedir pruebas es defender a un personaje o es lo mínimo que se requiere para procesar un asunto judicial salvaguardando la soberanía? No confundirse. La Presidenta tiene claro que si alguien debe rendir cuentas ante la ley, lo hará, no hay duda, y seguro ya hasta existe el plan para una nueva historia en Sinaloa, de ser el caso, pero todo en el marco del Estado de Derecho y del principio de autodeterminación.
A México le conviene una Presidenta fuerte. Tiene el respaldo popular y toca creer, defender con ella cualquier asunto que toque a la Patria que, por cierto, es más que un gobernador, y mucho más que cualquier intención de cualquier nación.
Por lo demás, a seguir jalando: está en marcha el proceso para la revisión del T-MEC, los mecanismos de cooperación para la seguridad fronteriza, la certidumbre para las inversiones entre países de la región, en fin, varios frentes de trabajo, antes que de ataque o de discordia.