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  • hace 19 horas
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La Liga de la Hiedra y la amenaza existencial sionista

La Liga de la Hiedra y la amenaza existencial sionista

Por Jonathan Pérez Iturbide

El poder sionista tiene la capacidad de tejer las estrategias necesarias que le garanticen vigencia en Estados Unidos y que, a la vez, los haga indispensables dentro del ecosistema de las dinámicas capitalistas que provocan la fusión de la educación de élite, el dinero y la guerra.

Israel logró que la relación con los yanquis no fuera unidireccional, es decir, “Estados Unidos utilizando a Israel”, para sus objetivos geopolíticos; aquella idea de Biden en 1986 de “inventar” un Israel para proteger sus intereses en Oriente Medio, no solo se ha debilitado, sino que, en los últimos años, los israelíes han movido la balanza a su favor en influencia en todos los eslabones de poder del imperialismo.

Tomando el ejemplo de la industria de la guerra, la relación yanqui-sionista se ha convertido en una economía circular de las armas casi indestructible. 18 mil millones de dólares anuales entre presupuesto original más paquetes extraordinarios de “ayuda”, que a la vez Israel está obligado a gastar en contratistas de armas gringos como Lockheed Martin, RTX/Raytheon, Boeing y General Dynamics.

Organizaciones de presión israelí como American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) o Christians United for Israel (CUFI), destinan millones de dólares a campañas electorales de demócratas y republicanos, lo que les garantiza anualmente la ayuda militar desde el congreso estadounidense. Esto constituye una política de Estado bipartidista inamovible.

En 2024, un movimiento inédito e histórico se hizo presente en las universidades de élite estadounidenses. Los estudiantes de la Ivy League (La Liga de la Hiedra) desafiaron el marco legal, financiero y diplomático de la perversa alianza yanqui-sionista. Rompiendo la alineación institucional, el consenso político y la retórica proisraelí que dominó en los campus de universidades occidentales durante la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI.

Este movimiento tuvo su génesis por el “escolasticidio”, es decir, la destrucción sistémica de toda la infraestructura universitaria en Gaza que mató a miles de académicos y estudiantes. Un segundo detonante de la fractura con la retórica a favor de Israel fue el debilitamiento de la influencia de los medios hegemónicos. Al tener acceso directo a la información en redes sociales, los estudiantes dejaron de creer las narrativas de medios tradicionales y tomaron una postura que exigió poner fin inmediato al genocidio en Gaza.

Una de las peticiones más importantes de los estudiantes consistía en el Divestment, que significa que los fondos universitarios (que se cuentan en miles de millones de dólares) fueran retirados de cualquier empresa cómplice o ejecutora del genocidio en Gaza.

Pero esto era imposible de cumplir, pues el patrimonio universitario es inyectado en fondos de inversión cotizados (ETFs) que termina en manos de BlackRock, Vanguard o State Street, dichas firmas del capital privado son los mayores accionistas de las principales contratistas de defensa y de tecnología.

En el área militar, corporaciones como Lockheed Martin, RTX, Boeing y General Dynamics son las responsables de proveer a los sionistas bombas de onda expansiva que colapsan estructuras multinivel y crean cráteres de 12 metros, utilizadas constantemente contra campamentos de refugiados de Jabalia, Al-Shati o Khan Younis. O las bombas guiadas por GPS de alta precisión, que son dirigidas a viviendas familiares. También los cazas F-35I Adir y F-16, responsables de bombardear la Franja de Gaza.

En el ámbito tecnológico, consorcios como Palantir, Google y Amazon son responsables de suministrar integración de inteligencia que incluye imágenes de satélite, interceptaciones telefónicas, reconocimiento facial, hábitos y preferencias de navegación para mapear objetivos palestinos. O bien proporcionan la nube para almacenar masivamente metadatos que vigilan a la población palestina

Esta tecnología de Amazon y Google Cloud facilitó la creación de “Lavender”, un software de inteligencia artificial que catalogó a más de 37 mil palestinos como objetivos militares. Investigaciones periodísticas (+972 Magazine y Local Call) revelaron testimonios de oficiales de inteligencia israelíes que aseguraron que existía un margen de error considerable, lo que causó la muerte de miles de palestinos inocentes.

El rompimiento de las comunidades universitarias de Columbia, Harvard, Yale y UPenn con el poder sionista, significa para el Likud y para su líder indiscutible, Benjamín Netanyahu, un asunto de “amenaza existencial”.

Si las incubadoras de la futura clase dirigente de Estados Unidos está divorciada y, pero aún, enfrentada con las acciones del estado de Israel, la perversa alianza yanqui-sionista estará en peligro en un horizonte de 10 a 20 años. Los futuros congresistas, jueces, analistas de think tanks, diplomáticos y ejecutivos de Wall Street, verán a Israel tal cual es, nunca más como un ejemplo de democracia, sino como un estado genocida y de ocupación.

A partir de este miedo fundado es que Israel aceleró su alianza con el círculo cercano a Trump. Su siguiente proyecto es la consolidación del eje neofascista en nuestro continente. Los sionistas, como hemos documentado en esta columna, tienen experiencia histórica en la intervención para consolidar dictaduras y gobiernos antipopulares en nuestra región. De esto se tratan sus siguientes movimientos y ya tienen varios países alineados en el Escudo de las Américas.


Continuará…