Bien y de buenas. No hay mejor adjetivo para describir la racha positiva por la que, de manera impensable, está cruzando la economía mexicana. Contra todo pronóstico, el INEGI dio a conocer el pasado 31 de julio que el Producto Interno Bruto había tenido un comportamiento al alza equivalente al 0.9 por ciento en términos reales con respecto al trimestre anterior; esto atendiendo a la estimación oportuna de esta variable. A tasa anual, el crecimiento es del orden del 3.6 por ciento, cifra que supera a la estimación anual para 2023 de la Secretaría de Hacienda establecida en los Precriterios de Política Económica 2024, la cual equivale al 3 por ciento.
En sintonía con esta racha alcista, el Bank of America ha dado a conocer que ajustó su perspectiva de crecimiento para la economía mexicana en 2023 pasando del 2.3 al 3.2 por ciento; mientras que la Encuesta Citibanamex de Expectativas ha colocado sus estimaciones en el orden del 2.7 por ciento. Detrás de esta lógica optimista, se encuentra la llegada de inversiones al país como producto de la relocalización de empresas a nivel global, así como la expectativa de la reducción de la tasa de interés por parte de Banxico en sus próximos anuncios de política monetaria.
Congruente con ello, el Índice de Confianza del Consumidor se ha elevado a 46.2 puntos, cifra que se encuentra cada vez más cercana a los niveles prepandemia y que augura un buen dinamismo del mercado interno para los próximos meses. En esta perspectiva positiva del consumidor incide la desaceleración que está mostrando la inflación en el país y el crecimiento de los salarios que ha derivado en una mayor demanda domestica de bienes y servicios.
Pero quizá la mejor noticia es que este desempeño positivo de la economía mexicana está siendo acompañado de un proceso de reducción de los desequilibrios heredados del régimen neoliberal. En este sentido, estados como Oaxaca, Chiapas y Tabasco que fueron condenados al olvido durante ese pasado, manteniendo tasas de crecimiento incluso negativas en algunos años; ahora son los que puntean la tabla de entidades con mayor dinamismo. Tabasco, por ejemplo, ha tenido un crecimiento del producto interno bruto del orden del 24.3 por ciento en lo que va de la actual administración.
Aunado a lo anterior, el desequilibrio social que engendró la enorme concentración del ingreso durante las décadas de gobiernos ortodoxos, está comenzando a ser zanjada. Las cifras de crecimiento del ingreso entre los hogares mas marginados del país, del cual hablamos en el artículo pasado, son el cimiente de un proceso de reducción de las brechas de desigualdad que debe ser profundizado en los siguientes años, a fin de superar este escollo que impacta negativamente en las capacidades de expansión de la economía mexicana.