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  • 14 Nov 2022
  • 07:11
  • SPR Informa 6 min

El fútbol, la diversidad sexual y Qatar

El fútbol, la diversidad sexual y Qatar

Por Juan Carlos Pastrana

¿En verdad queremos entrar en la fiebre futbolera del mundial en Qatar? Mi relación con el futbol nunca fue la mejor pero debo decir que sí me gusta ese deporte, después de todo. Obviamente soy muy malo jugándolo pero le encontré el gusto en segundo de secundaria, cuando se organizaban los partidos en el momento que faltaban maestros o en nuestros prolongados recreos. Era pésima esa escuela en Cuernavaca pero al menos aprendí a dejar de tenerle miedo al balón de futbol y hasta portero fui en repetidas ocasiones.

Mi papá siempre quiso en mi infancia que yo fuera jugador de futbol profesional pero eso nunca sucedería; cumpliría ese cliché del niño delicado, el niño gay que no le gustan los deportes. En realidad sí me gustaban: participé en varias ocasiones en las mini olimpiadas que organizaban en la escuela primaria dentro de las categorías de atletismo. También aprendí a nadar desde muy pequeño. Pero el futbol continúa siendo el deporte mexicano por excelencia, el hegemónico en las preferencias del público mexicano y muy frecuentemente es relacionado con el pasatiempo per se del hombre heterosexual cisgénero, al menos en estas latitudes, en otras puede ser sustituido por el futbol americano.

Ahora entiendo que los deportes o cualquier actividad física y de rendimiento no tienen género, mucho menos orientación sexual y a pesar de que en las ligas profesionales de estos deportes “rudos” existen personas de la diversidad sexual, sabemos que es difícil llevar una vida fuera del clóset por el ambiente de machismo y homofobia que aun prevalece en estos círculos de convivencia entre quienes se deberían considerar como pares.

Si bien hemos visto el incremento de atletas declarar públicamente su orientación sexual como el clavadista británico Tom Daley, o el inicio de una transición de género como la nadadora estadounidense Lia Thomas, el miedo que existe aun en hombres y mujeres deportistas por perder apoyos, simpatías, patrocinadores o el prestigio es real y es aun latente. Nadie debería sentir ese miedo de ser quienes son y de compartir a su vez un gusto y talento por el deporte.

Es miedo y mucha angustia lo que personas de la población LGBTTTIQ+ en Qatar deben pasar. Pero eso no le importa a la familia Al Thanil que ha gobernado esa monarquía árabe con la mayor reserva mundial de gas natural y la tercera de petróleo. Mucho menos hay preocupación en toda la península arábiga y las naciones que ahí se localizan los cuales  mantienen junto con el continente africano, el vergonzoso registro de países que persiguen, sancionan y asesinan a gays, lesbianas, bisexuales, personas trans, no binarias, intersexuales y en general a cualquier persona que haga pública una orientación sexual diferente a la heterosexual o que muestre una identidad y/o expresión de género un tanto diferente al patrón ya establecido para hombres y mujeres.

No puedo dejar de ser empático a la distancia con quienes sufren en Qatar persecución, encarcelamientos, apedreos, un sinfin de violencias y que por supuesto sus vidas corren peligro. Lamentablemente una vez más, estas situaciones se generan por sistemas político-religiosos que cuentan con estructuras de gobierno represores de hombres y mujeres librepensadoras. No puedo dejar de lamentar que se haya decidido llevar este espectáculo deportivo internacional a un país que simplemente no tiene el conocimiento de lo que son los Derechos Humanos de todas las personas.

Podrán haber integrantes de la diversidad sexual que simplemente odien los deportes y este sea el pretexto perfecto para la protesta en contra de la FIFA y el mundo musulman pero habrán quienes sí disfruten de las competencias deportivas internacionales como los Juegos Olímpicos y por supuesto el Mundial de Futbol (yo soy uno de ellos), y que por supuesto se sienten profundamente decepcionados al ver cómo políticos, empresas, medios de comunicación e intelectuales invisibilizan la homofobia y transfobia que viven miles de personas, no solo en Qatar, sino en los 68 países que criminalizan a la diversidad sexual.

Al final del día, todo es por el dinero y la nación árabe más prominente de la actualidad no dejará que la bandera arcoíris frene sus planes de crecimiento económico y político. A la comunidad internacional parece no interesarle el tema y como siempre, como era de esperarse, a la población LGBTTTIQ+ la dejan sin protección, a su suerte.

Aun hay mucho por hacer.