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El cacahuate, la estrella del campo que brilla en los últimos meses del año

El cacahuate, la estrella del campo que brilla en los últimos meses del año

Por Enrique Valadez

Entre automóviles, puestos ambulantes, peatones apresurados y vendedores que anuncian sus mercancías, avanzan los cacahuateros: hombres y mujeres que empujan sus carretillas cargadas de cacahuates y otras botanas por las calles de la Ciudad de México. 

En costales y recipientes se apilan semillas tostadas, ya sean habas, garbanzos, chícharos y pistaches. Sin embargo, la estrella indiscutible es el cacahuate, ya sea salado, enchilado o con cáscara, capaz de despertar el antojo de quienes se cruzan en su camino.

Los cacahuateros forman parte de una cultura callejera en la que los sabores, los pregones y las formas tradicionales de comercio sobreviven a las transformaciones de la metrópoli. 

Pero, sobre todo, su presencia nos recuerda que, detrás de cada producto que llega a nuestras manos, hay una historia que comienza en el campo y continúa en los mercados, las calles y las mesas de millones de familias.

Y qué mejor ocasión para reconocer su valor que este 13 de octubre, fecha en la que se celebra el Día Internacional del Cacahuate.

En esta época, que inicia con las ofrendas del Día de Muertos y finaliza con las posadas, las piñatas y las celebraciones decembrinas, su sabor se convierte en parte de nuestras tradiciones.

Porque el cacahuate, cuyo nombre proviene del náhuatl tlacáhuatl (cacao de la tierra), es un alimento arraigado en la historia de México, donde se cultiva y consume desde antes de la Conquista. 

Aunque su origen se encuentra en Sudamérica, región en la que destacan Perú y Brasil como territorios vinculados a su historia agrícola, México es reconocido como un importante centro de diversidad y domesticación de esta leguminosa.

Su cultivo representa una actividad relevante para numerosas comunidades rurales. La siembra suele realizarse al inicio de la temporada de lluvias y la cosecha depende de las condiciones climáticas de cada región. 

Al cierre de 2025, la producción nacional reportaba 86 mil 555 toneladas, provenientes de 24 entidades del país, entre ellas Chihuahua, Sinaloa, Puebla, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y San Luis Potosí. 

Una parte importante se destina al consumo interno, mientras que otra abastece a la industria alimentaria y a la elaboración de aceites. Estas cifras reflejan el papel del cacahuate en la economía agrícola nacional y la importancia de respaldar a quienes lo producen.

¿Quién no ha disfrutado de un mazapán de cacahuate, una salsa macha o unos cacahuates japoneses o garapiñados? También está presente en moles, pipianes y otros platillos de la cocina mexicana. 

Pero es durante las fiestas tradicionales cuando adquiere un significado especial: aparece en las piñatas, acompaña las reuniones familiares y forma parte de las ofrendas con las que recordamos a nuestros difuntos. 

 

Salud para los suelos

El cacahuate tiene otra virtud que merece mayor reconocimiento: además de aportar proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales a la alimentación, puede contribuir al cuidado de los suelos agrícolas. 

Como leguminosa, establece una relación simbiótica con bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico, transformándolo en compuestos que la planta puede aprovechar.

Este proceso ocurre mediante la asociación entre las raíces del cacahuate y determinadas bacterias. A cambio de los nutrientes que obtiene, la planta proporciona a estos microorganismos sustancias que les permiten desarrollarse. 

El cacahuate también puede incorporarse a las rotaciones agrícolas para diversificar la producción y favorecer el aprovechamiento de los terrenos. Su cultivo puede ayudar a mejorar ciertos indicadores de fertilidad y a interrumpir ciclos de plagas y enfermedades asociados con la siembra continua de una misma especie. 

Sin embargo, estos beneficios no son automáticos: requieren prácticas agronómicas adecuadas y una planificación que tome en cuenta las condiciones de cada parcela.

Otra de sus ventajas es que puede desarrollarse en determinados suelos arenosos y de baja fertilidad, siempre que cuente con las condiciones apropiadas de drenaje y humedad. 

En algunas regiones, su ciclo de cultivo permite integrarlo como segunda siembra, lo que ofrece alternativas a los productores para aprovechar mejor sus terrenos. 

Reconocer al cacahuate es, en consecuencia, mirar más allá de la botana que encontramos en una carretilla o de los dulces que llenan las piñatas en diciembre. 

Es valorar el trabajo de las y los productores, la riqueza de nuestra gastronomía y las posibilidades de una producción agrícola más diversa y sostenible.

En cada puñado de cacahuates hay mucho más que sabor: hay historia, tradición y trabajo rural.