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Cuando aprender a leer cambia una vida

Cuando aprender a leer cambia una vida

Por Juan Carlos Suárez, Tenor

Hay reconocimientos que caben en una medalla y otros que obligan a mirar un problema que durante años permaneció detrás de las estadísticas. Y es que, el pasado 8 de septiembre, en San Juan Chamula, Chiapas recibió el ‘’Premio UNESCO-Confucio de Alfabetización 2026’’ por el programa ‘’Chiapas Puede’’, durante la celebración mundial del Día Internacional de la Alfabetización. La distinción llegó precisamente cuando el mundo conmemoró seis décadas de esta fecha y reunió en Chiapas a especialistas, autoridades educativas y representantes internacionales. Pero más allá de la noticia, vale la pena preguntarnos, ¿qué significa realmente alfabetizar a una persona?

La pregunta importa porque Chiapas sigue cargando con un rezago educativo profundo. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el estado registró una tasa de analfabetismo de 13.7% entre la población de 15 años y más, frente al 4.7% nacional. Es decir, mientras en México eran aproximadamente cinco de cada cien personas, en Chiapas eran casi catorce. La entidad tenía entonces la tasa más alta del país.

En ese contexto nació ‘’Chiapas Puede’’, impulsado por el Gobierno del Estado que encabeza Eduardo Ramírez Aguilar, a través de la Secretaría de Educación. Su propósito es reducir el analfabetismo estatal a menos de 4%, mediante una estrategia que busca llevar la alfabetización hasta comunidades donde las barreras geográficas, económicas, culturales y lingüísticas han dificultado históricamente el acceso a la educación. Y aquí aparece uno de los elementos más interesantes del programa, el Modelo de Alfabetización Intercultural Bilingüe “Matías de Córdova”.

Su diferencia no está solamente en enseñar letras y palabras, sino en reconocer que no todas las personas aprenden desde la misma realidad. El modelo parte de los contextos culturales y lingüísticos de Chiapas, incorpora lenguas indígenas y busca relacionar la lectura y la escritura con los saberes y experiencias de las comunidades. Se desarrolla mediante círculos de estudio y el acompañamiento de alfabetizadores, apoyándose además en materiales educativos y herramientas digitales para registrar y dar seguimiento al proceso. En 2026, el programa planteó atender a más de 120 mil educandos, con alrededor de 9 mil asesores y 8 mil 500 círculos de estudio en 121 municipios. La población atendida es mayoritariamente femenina y una parte importante vive en comunidades indígenas con alta marginación. Una glosa oficial de la Secretaría de Educación reportó que, al cierre de 2025, se habían inscrito 147,014 personas, con más de 8 mil círculos y más de 20 mil alfabetizadores, y que casi 70 mil personas habían aprendido a leer y escribir al corte de octubre de ese año. Más recientemente, la coordinadora del programa declaró que entre 2025 y 2026 alrededor de 250 mil personas han sido atendidas y alfabetizadas en los 124 municipios.

El Premio UNESCO-Confucio de Alfabetización, creado en 2005, forma parte de los Premios Internacionales de Alfabetización y reconoce programas innovadores, especialmente aquellos dirigidos a la alfabetización funcional de adultos rurales y jóvenes fuera de la escuela. Cada ganador recibe medalla, diploma y 30 mil dólares.

Que un programa desarrollado en Chiapas haya sido reconocido en este escenario tiene relevancia porque coloca al estado y al país, México, en una conversación internacional sobre cómo enfrentar el analfabetismo. Pero también eleva la responsabilidad, un premio debe convertirse en impulso, no en punto final.

Porque alfabetizar no consiste solamente en juntar letras. Significa poder leer una receta médica, revisar un documento antes de firmarlo, entender cuánto debe pagarse o cuánto debe recibirse, identificar un medicamento, realizar un trámite, leer un mensaje, conocer un derecho o ayudar a un hijo con la tarea. La propia UNESCO documentó el caso de Antonio Gómez Gómez, un agricultor de 65 años de Santiago el Pinar, quien ahora puede leer, comprobar su salario e identificar los medicamentos que recibe gracias a una enseñanza que combina español y tsotsil. Ahí está el verdadero significado de una política educativa.

En un estado como Chiapas, donde conviven múltiples lenguas, culturas, territorios y formas de entender el mundo, educar también significa reconocer. Como lo hemos venido diciendo a lo largo de estas solumnas, la cultura no solamente está en un museo, una danza o una obra de arte; también está en la lengua con la que una persona nombra su mundo. Por eso, alfabetizar desde la identidad y no contra ella puede ser una forma de inclusión, autonomía y participación pero sobre todo, de humanismo.

‘’Chiapas Puede’’ merece ser observado, porque el éxito estará en cada persona que descubra que puede leer una palabra que antes le era ajena, comprender un documento, acompañar a sus hijos en la escuela o desenvolverse con mayor autonomía, seguridad y libertad en su comunidad.

Porque un premio puede reconocer un programa. Pero la verdadera transformación comienza cuando una persona descubre que, después de tantos años sin poder leer su mundo, también puede empezar a escribir su propia historia. Sigamos haciendo música.

Juan Carlos Suárez, Tenor
Arte, Cultura y Humanismo