Estados Unidos oficializó formalmente su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), marcando el fin de una membresía de casi 78 años en el principal organismo de salud global de las Naciones Unidas.
La medida se concreta este 22 de enero, exactamente un año después de que el presidente Donald Trump firmara la orden ejecutiva que inició el proceso de retirada desde su primer día en el cargo en 2025.
El gobierno estadounidense ha defendido la salida alegando que la OMS se ha desviado de su misión principal, criticando su gestión de la pandemia de COVID-19, falta de transparencia y supuesta influencia política de actores externos. Según el Departamento de Estado, estos factores habrían generado costos económicos y riesgos para la seguridad sanitaria de Estados Unidos.
La administración también ha suspendido las contribuciones financieras a la OMS y ha señalado que trabajará en acuerdos bilaterales y otras alianzas fuera del marco de la agencia internacional.
El retiro se ha consumado en medio de un conflicto por cuotas no pagadas, con Estados Unidos adeudando alrededor de 260 millones de dólares correspondientes a periodos fiscales recientes. Bajo las normas vigentes, un país debe pagar todas sus obligaciones antes de completar la salida, lo que ha generado incertidumbre legal y financiera alrededor del proceso.
La salida de Estados Unidos, históricamente uno de los principales financiadores de la OMS, ha desencadenado una crisis financiera en el organismo, obligando a recortes significativos de personal y programas. La agencia ha anunciado reducciones en su estructura operativa y una reconfiguración de sus prioridades ante el vacío presupuestario y organizativo.