El Papa León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica Humanitas, y lo que ha puesto sobre la mesa es un manifiesto de resistencia económica y política. El Papa no se limita a pedir que nos "portemos bien" con la tecnología; propone levantar murallas éticas y políticas frente al avance desregulado de la IA y el transhumanismo, una corriente ideológica que ve en nuestra fragilidad, la enfermedad, la muerte y los errores, un defecto a corregir.
León XIV exige que las patentes, los algoritmos y los datos dejen de ser propiedad exclusiva de unos cuantos y sean considerados bienes de destino universal. Incluso, llama a un freno a la desregulación, a una necesaria desaceleración del ritmo impuesto por el mercado, para que la tecnología no termine por devorar la dignidad humana.
Para entender el verdadero alcance de la encíclica, hay que mirar al corazón ideológico de Silicon Valley, el libertarismo, representado por el magnate Peter Thiel, cofundador de PayPal y de la firma de análisis de datos militares Palantir, quien se ha convertido en el principal exponente de este tecnolibertarismo radical.
Esta filosofía tiene raíces profundas en el pensamiento del antropólogo René Girard y su teoría del deseo mimético y la violencia, pero en Estados Unidos abreva también del catolicismo neoconservador y de la llamada Teología de la Prosperidad. Desde hace dos décadas, Thiel defiende una tesis extrema, que cualquier intento de los Estados o de las instituciones multilaterales por regular la tecnología, imponer frenos éticos o centralizar el poder político es la antesala del Anticristo. Para su visión de Silicon Valley, la regulación es la tiranía; la desregulación total es la salvación.
Thiel viajó a Roma en marzo de 2026 con la idea de exponer a las puertas del Vaticano una serie de conferencias esgrimiendo este argumento del Anticristo. Originalmente el evento se realizaría en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, el Angelicum, que es precisamente el alma mater donde el propio Papa escribió su tesis doctoral. Tras una fuerte polémica, la universidad canceló el evento, obligando a Thiel a refugiarse en una ubicación secreta de la ciudad.
En ese esfuerzo por conectar con los sectores de la ultraderecha católica, Thiel intentó convencer a estos grupos de que la gobernanza global y las regulaciones éticas de la tecnología son una estructura satánica que busca frenar el progreso, buscando que el conservadurismo religioso vea a los monopolios tecnológicos privados como los verdaderos defensores de la libertad.
La respuesta del Papa en Magnifica Humanitas llegó apenas semanas después, con una finura intelectual que contrasta con la exposición escatológica de Thiel. León XIV ni siquiera entra en el juego de discutir quién es el Anticristo. Para el Papa, la postura de Thiel es consecuencia de la cruda realidad material; el mesianismo tecnológico de Silicon Valley no es un misterio apocalíptico, sino una anomalía político-económica de concentración de poder y riqueza que debe ser corregida por la comunidad.
El Papa evoca la figura bíblica de Nehemías. Recuerda que Nehemías no solo reconstruyó los muros de Jerusalén, sino que obligó a los nobles y usureros de su época a devolver las tierras confiscadas y abolir las deudas que asfixiaban a los más pobres.
Mientras Silicon Valley avanza en la construcción de la nueva Torre de Babel, donde el poder tecnológico otorga un derecho automático a gobernar por encima de los pueblos, la encíclica de León XIV nos recuerda que el futuro de la humanidad se define protegiendo a los más vulnerables.