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  • 25 Oct 2022
  • 23:10
  • SPR Informa 6 min

Otra vez Inglaterra

Otra vez Inglaterra

Por Hugo Rangel Vargas

“Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes. La sede clásica de ese modo de producción es, hasta hoy, Inglaterra. Este es el motivo por cual al desarrollar mi teoría, me sirvo de ese país como principal fuente de ejemplos”, así justificó Carlos Marx, en el siglo XIX, el haber utilizado a la economía inglesa como parte del estudio de su obra cumbre, El Capital.

Recientemente, desde el llamado Brexit, esta nación de la Gran Bretaña ha dado de qué hablar entre la opinión pública, la comunidad académica internacional y la clase política de Europa y el mundo entero. La reciente renuncia de la primer ministro más breve de su historia, Liz Truss, es apenas un colofón inmediato de una serie de fenómenos económicos y sociales que sin duda alguna volverían a despertar el interés de grandes pensadores como el influyente Marx.

La segunda economía más poderosa de Europa y la quinta del mundo, la influyente nación que hizo que millones se volcaran a hablar de la muerte de su reina apenas hace unos meses; la cuna de Hobbes, Locke, Bacon, Newton, Popper, Keynes, Russell, entre otros; el territorio de una sociedad que ha sido potencia cultural y económica; sigue siendo objeto de discusión y apenas basta rasgar ese velo de fortaleza, para asomarse a verdaderas tragedias humanas.

El crecimiento acelerado de los precios que se vive en el mundo ha llevado a que Inglaterra tenga inflación interanual en septiembre de 10.1 por ciento, la más alta en 40 años; exhibiendo una de las contradicciones más cruentas del capitalismo: la existencia de una capacidad de producción de mercancías y la incapacidad de que estas sean adquiridas por quienes las requieren; condición que proviene de una economía monetarista que persigue el lucro como fin supremo.

Pero es en el hambre y la escasez de alimentos en donde este fenómeno muestra su rostro más feroz. Recientemente, la organización británica The Food Foundation dio a conocer un estudio en el que demostraba que el 57 por ciento de los hogares británicos no pueden acceder a la totalidad de sus comidas y que dos millones de niños están expuestos a un alto riesgo de adquirir enfermedades derivadas del hambre y la desnutrición. La crisis alimentaria que ha traído la inflación ha derivado en que 6.8 millones de adultos ingleses hayan decidido renunciar a una de sus comidas o reducir sus porciones.

“Indirectamente también, muchas personas mueren de hambre -aún mucho más que directamente- porque la falta continua de productos alimenticios ha provocado enfermedades mortales que causan víctimas. Esas personas se han hallado tan débiles que ciertos casos; que en otras circunstancias hubieran evolucionado favorablemente, implican necesariamente graves enfermedades y la muerte. Los obreros ingleses llaman a esto el crimen social, y acusan a toda la sociedad de cometerlo continuamente”. Corría 1845 cuando Engels escribía esto en La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra, crónica no tan alejada de lo que hoy se narra en las paginas de muchos diarios británicos.

Sin embargo, parafraseando a Marx, si los obreros mexicanos o norteamericanos se encogieran los hombros pensando que su situación es distinta, podría decírseles: “De te fabula narratur!” (“¡De ti habla la historia!”). Y es que el frío invierno que vivirán los ingleses obligándoles a escoger entre calentarse o comer, no está tan distante de las inhumanas disyuntivas que padecen millones en todo el mundo.