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  • hace 1 día
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La grata ficción de Carney

La grata ficción de Carney

Por Emerson Segura Valencia

Durante el Foro Económico Mundial de 2026, celebrado el martes 20 de enero, Mark Carney, primer ministro de Canadá, pronunció un discurso propio de un cambio de época: un llamado a modificar el comportamiento de las naciones en los tiempos que corren. Carney pidió dejar de lado el autoengaño, poner fin a la fantasía de que los Estados negocian desde una arena de igualdad y abandonar las ficciones y rituales que sostienen esa premisa. Sin tapujos, habló de un momento de “ruptura, más que de transición”, del actual régimen mundial.

Con altas dosis de realismo, esbozó que en el plano comercial “los grandes poderes utilizan la integración económica como un arma, las estructuras financieras como métodos de coerción, las tarifas como ventajas y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que pueden ser explotadas”. A ello sumó el debilitamiento de los organismos multilaterales en los que “las potencias medias han confiado durante años”, mientras la ley del más fuerte parece renacer entre las naciones.

Carney invitó así a poner fin a la ficción y retomó a Václav Havel y su ensayo El poder de los sin poder (1978), donde afirma que “el poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera verdad”. La cita no es casual: evoca el declive del sistema comunista como régimen y funciona como advertencia sobre el final de una era.

Mark Carney no es un político tradicional. Su llegada al poder en Canadá no se explica por una carrera electoral ni por el desgaste de años en el Parlamento, sino por una trayectoria forjada en el corazón del sistema financiero global y en contextos de crisis que pusieron a prueba a las economías más sólidas del mundo. En tiempos de incertidumbre, Canadá ha optado por un tecnócrata con experiencia en el manejo del caos.

Como gobernador del Banco de Canadá entre 2008 y 2013, Carney enfrentó la mayor crisis financiera global desde la Gran Depresión. Desde esa posición dirigió la política monetaria del país mientras los mercados colapsaban y las economías buscaban oxígeno. Su desempeño lo proyectó al escenario internacional y abrió la puerta a un nombramiento histórico: en 2013 se convirtió en el gobernador número 120 del Banco de Inglaterra, el primero en no ser ciudadano británico en ocupar ese cargo. Desde Londres, pilotó al banco central durante dos terremotos políticos y económicos: el Brexit y la fase inicial de la pandemia de COVID-19.

Antes de ello, Carney pasó trece años en Goldman Sachs, uno de los epicentros del poder financiero global. Trabajó en oficinas de Boston, Londres, Nueva York, Tokio y Toronto, hasta convertirse en director general de banca de inversión. Participó en la reinserción de Sudáfrica en los mercados internacionales tras el apartheid y estuvo involucrado en la gestión de la crisis financiera rusa de 1998. Ese historial explica tanto su comprensión del sistema financiero internacional como las suspicacias que despierta entre quienes desconfían de la cercanía entre el poder político y Wall Street.

Su salto a la política ocurrió en medio de una crisis interna del Partido Liberal. En enero de 2025, tras la renuncia de Justin Trudeau, Carney se lanzó a la contienda por el liderazgo del partido y ganó de manera contundente en marzo. Poco después fue nombrado primer ministro, convirtiéndose en el primero en la historia canadiense en llegar al cargo sin haber ocupado previamente un puesto de elección popular. Una anomalía democrática que, para sus defensores, se justifica por la gravedad del momento; para sus críticos, sienta un precedente inquietante.

La identidad de Carney también refleja la complejidad del mundo que ha navegado. Con tres de sus cuatro abuelos originarios del condado de Mayo, en Irlanda, posee ciudadanía canadiense e irlandesa, y obtuvo la británica en 2018. Recientemente anunció su intención de renunciar a las ciudadanías irlandesa y británica, al considerar que un primer ministro debe ostentar únicamente la nacionalidad canadiense. El gesto busca enviar un mensaje de lealtad nacional en un contexto de creciente tensión internacional.

Esa tensión tiene nombre propio: Donald Trump. La experiencia de Carney en los bancos centrales le dio un asiento de primera fila frente al actual presidente de Estados Unidos, quien desde su regreso al poder ha impuesto aranceles severos a Canadá y ha llegado incluso a sugerir la anexión de su vecino del norte. Entre 2011 y 2018, Carney presidió el Consejo de Estabilidad Financiera, organismo encargado de coordinar la respuesta regulatoria global frente a las políticas de la primera presidencia de Trump.

Durante aquellos años, Carney optó por la prudencia y guardó silencio público sobre Trump. Hoy, ya desde la política y no desde la tecnocracia, su tono es distinto. Desde una mirada más pragmática y realista, el discurso de Carney nos recuerda que el destino no está atado y que ni el victimismo ni la nostalgia son una estrategia.