Charles James Kirk, o Charlie Kirk, se presentaba al mundo entero como el modelo de joven estadounidense republicano de cepa pura y conservadora. Su rostro impecablemente afeitado, atlética complexión y pulcra vestimenta lo hacían parecer aún menor de lo que en realidad era, pero a sus 33 años, figuraba para convertirse en un elemento clave en las entrañas del ala Trumpista del partido republicano, pues cumplía justo el perfil que demanda la ultraderecha conservadora:Padre de tres hijos y esposo devoto, tan devoto como lo demuestran las redes sociales. De mente ágil y hábil confrontador reaccionario. Era un hombre antiderechos de las minorías y racista cínico. Celebraba los asesinatos de niños y civiles en Gaza al tiempo que propagaba el uso indiscriminado de armas de fuego en Estados Unidos sin restricciones y, para él, dentro de su discurso, no podía vivir nadie en Estados Unidos que no fuera blanco, cristiano y conservador. Un odiador profesional que sabía pararse ante las cámaras sin inmutarse mientras propagaba palabras que, en otros países, podrían ser motivo de por lo menos atención y alarma. Menos en Estados Unidos. Ayer, durante uno de sus usuales debates en la Universidad del Valle de Utah, fue asesinado por un francotirador.
Charlie nació en Ilinois a inicios de la década de los noventa en el seno de una familia acomodada y con fuerte tradición religiosa. Aún no está clara su formación académica, pero se sabe que desde la escuela secundaria ya escribía artículos y ensayos de tinte conservador que eran publicados en el blog de ultraderecha Breitbart News, donde alcanzó una enorme notoriedad dentro de la comunidad joven y atrajo los reflectores que a lapostre, lo proyectaron como una fresca voz para esparcir los xenófobos discursos de Donald Trump en su campaña de 2016. Su militancia dentro del partido Republicano consolidó su figura como uno de sus principales voceros en las redes sociales y medios de comunicación tradicionales, donde rápidamente afianzó su estilo confrontativo y reaccionario que se tradujo en una fuerte influencia dentro de los círculos novatos del partido republicano, que vieron en él un modelo a seguir e incluso a una de sus elementos más importantes e influyentes. Algunos medios de comunicación y analistas estadounidenses le consideraron a él directamente como uno de los responsables del alza de votantes jóvenes a favor del presidente estadounidense y una prometedora personalidad para el futuro político.
En los últimos años se hizo muy famoso por participar y organizar “debates” con la comunidad estudiantil estadounidense, sobre todo en Universidades. Pero hay que hacer un señalamiento: no se trataba de debates como tal. De hecho, su particular estilo era simplemente confrontar a sus interlocutores, usualmente comunidad afroamricana, latina y LGBTTI para repetir hasta el cansancio argumentos sin base científica y los dogmas religiosos en los que, según él, se basaba el estilo de vida estadounidense. Cosntantemente interrumpía, alzaba la voz y se burlaba de sus increpados, causando risas y aplausos de quienes no ponen atención al fondo, sino a la forma de un alegato. Dentro de sus dichos más lamentables se encuentra su postura abiertamente misógina y racista, por ejemplo, cuestionó la capacidad de líderes políticas afroamericanas asumiendo que no contaban con capacidad mental:
"(Las mujeres negras) Joy Reed, Michelle Obama, Sheila Jackson Lee y Katanji Brown Jackson fueron elegidas por la acción afirmativa. Nos han llamado racistas, pero ahora lo dicen por nosotros: ´Estoy aquí por la acción afirmativa´. Sabemos que no tienen la capacidad de procesamiento mental para que las tomen en serio; sabemos que no son lo suficientemente inteligentes para obtener las cosas por su propio esfuerzo”. Y sobra decir que en un podcast reciente mencionó que uno de sus principales odios era dirigido a la presidenta de México, Claudia Sheimbaum, a quien llamó comunista y la comparó dañinamente con el mandatario Vladimir Putin.
Al mismo tiempo, celebraba el uso indiscriminado de armas de fuego en Estados Unidos y de manera alarmante ignoraba o más bien, decidía ignorar el peligro que tiene el libre acceso de armamento a la niñez estadounidense. Una de sus frases sobre este tópico se ha hecho tristemente célebre en esos momentos pues opinó: “Creo que vale la pena pagar un precio, lamentablemente, de tener algunas muertes por armas de fuego cada año. Para que podamos recurrir a la Segunda Enmienda y proteger nuestros demás derechos divinos. Es un acuerdo prudente y racional”
Muchos han llamado a su estilo como “polémico”, sin embargo, debemos mencionar que Kirk era un promotor del discurso de odio, muy solicitado y replicado por ultraconservadores que subrayan los derechos de las minorías y de las mujeres como ofensas y amenazas a sus propias libertades y forma de vida particular, lo que sea que esto signifique. La ofensa y provocación eran su principal herramienta dialéctica y se sabía protegido por todo el sistema presidencial estadounidense Trumpista, quien le celebraba sus bravuconadas y ofensas de tintes fascistas. Pero desde luego también ganó detractores, la mayoría de ellos nobles, quienes lo confrontaban sin violencia en sus debates y siempre en las reglas de la discusión organizada. Pero desgraciadamente también se ganó enemigos.
El día de ayer, en uno de sus shows de debate en la Universidad del Valle de Utah, un francotirador solitario, profesional y entrenado, o al menos eso supone el FBI, le disparó en el cuello ante la mirada atónita de cientos de espectadores que huyeron del lugar mientras que otros lograron transmitir en vivo el lamentable suceso, pues nadie en este mundo merece ser asesinado por su manera de pensar, aun cuando estas ideas sean las mas oscuras y fascistas. Su asesino continúa prófugo. No se conoce entonces ningún tipo de motivación que ha provocado el fatal acto, por lo que, hasta este instante, todo son especulaciones.
Pero, más allá del ¿quién?, ¿Qué mató a Charlie Kirk? La respuesta es, El odio. Ese mismo ingrediente principal que él mismo propagó por cada rincón de Estados Unidos. No sólo las balas y explosiones asesinan, los discursos intolerantes también envenenan las mentes dispuestas a encender la chispa o apretar el gatillo por cualquier pretexto, pues no se necesita una ideología para odiar, aunque muchos en eso se escuden.
Este acto es condenable en todo sentido. Ningún ser humano merece ser asesinado, sin discusión y por supuesto, nadie, y mucho menos su familia merece haber visto una ejecución en vivo que pasará a la historia como uno de los momentos más trágicos de la historia reciente de Estados Unidos y por supuesto y más importante, con este acto no se erradica el discurso fascista que él mismo promovía, por el contrario, el eco de sus palabras hoy retumbará en todos aquellos que piensan como él y se mantenían silenciosos. Ahora su discurso dejará de ser palabras, para convertirse en manifiesto y desgraciadamente en acciones, pues con su horrible deceso, su idea no muere. Solo han nacido más como él y se ha creado la figura de un mártir por los que muchos ahora alzarán la voz. Y quizá, las armas también.