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  • 20 Jan 2023
  • 19:01
  • SPR Informa 6 min

2023: ¿Caerá el PRI?

2023: ¿Caerá el PRI?

Por Jorge Ocaña

Uno de los siete principios herméticos, encontrados en el Kybalión, es el principio del ritmo. Todo fluye y refluye; todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento a la derecha es la misma que su movimiento a la izquierda.

En la vida es igual, estimado lector, hay momentos para todo. A veces nos sentimos arriba y, algunas veces, nos tiramos al piso deseando estar enterrados en lo más profundo de la tierra, vueltos ceniza por la lava hirviendo a temperaturas que ningún material puede soportar, es quizá por eso que el fuego simboliza al cambio, a la transformación. Recordemos pues, que la única constante universal es la del cambio.

Muchas veces les he dicho que la vida natural y la vida política son igual de importantes y semejantes, la historia nos muestra otro ejemplo de lo anteriormente aseverado. Hemos visto a lo largo de nuestra desangrada historia diferentes formas de organización social y múltiples maneras de ejercer el liderazgo de nuestra nación. Empezamos nómadas con formas primarias de organización llegamos a tener imperios con Tlatoanis, luego llegó la conquista y con ella el Virreinato, pasando la Independencia el primer Imperio, después el Presidencialismo de Santa Anna, la lucha entre Liberales y Conservadores trajo consigo un segundo Imperio que no duró pues Juárez restauró la democracia nacional, tiempo después, con otro oaxaqueño, conocimos algo llamado “aristocracia”, que luego pasó a llamarse oligarquía y una revolución después vivimos por más de 80 años “la dictadura perfecta” un México donde todos teníamos derecho a votar, pero solamente unos cuantos ejercían el derecho a elegir. Hace poco, en el 2018, vivimos un nuevo cambio, el partido hegemónico dejó de serlo y hay régimen nuevo, bueno habrá, pues terminará por concretarse a mediados de este nuevo año. Repito, estimado lector, la única constante es la del cambio.

Estado de México, el territorio más poblado de la nación, emanado del círculo histórico que rodeaba a la actual Ciudad de México y pueblos circunscriptos. Coahuila, no el más poblado, pero sí el tercero más grande, con una superficie de 151 mil 562 kilómetros cuadrados lleva consigo una de las fronteras con USA más amplias y de mayor cuidado. Ustedes se preguntarán. ¿Qué tienen en común estos dos estados tan alejados? La respuesta se encuentra en un escudo con los colores nacionales y unas letras que abrevian el título de “Partido de la Revolución Institucional”, mejor conocido como PRI. Fundado por Elías Calles, creador de las instituciones nacionales, fundador de la guerra sucia y encargado de corromper aun más la figura del mexicano. El PRI, es la unión entre estos dos estados, pues ellos nunca han perdido una lección dentro de los mismos, carros completos en Congresos locales, Gobernadores tricolores, Presidentes Municipales, hace unos años hasta el servidor público de más bajo nivel se encontraba envuelto con algo de aquel partido. Siempre he dicho que todo buen político tiene algo de Priista, pues al final de todo el PRI para el mundo físico seguirá siendo un partido político, pero para la memoria colectiva del mexicano el PRI se ha convertido y será siempre una de las diferentes versiones históricas del ejercicio del Poder. 

“Quién se mueve no sale en la foto” exclamó don Fidel Velázquez hace ya muchos años y tal parece que no deja de tener razón, hace unos días en conferencia de prensa, juntos como hermanos que nunca han sido, el  PAN, PRI y PRD anunciaban que la alianza Va por México, continúa en las venideras fiestas democráticas y que será el partido tricolor quien lleve la rienda esta vez, natural de pensarse ahora que usted conoce el trasfondo político de ambos Estados. Aseguran que van a ganar, pues según ellos nada ha cambiado en estos años y nada debe cambiar para Coahuila y Edomex. No hace falta mencionar, pero vale la pena recalcar que en estos dos estados hay empresas muy grandes y familias aún más grandes detrás de ellos, generaciones de poder y negocios que por mucho tiempo han pavimentado el camino político de sus habitantes, recordemos que el camino al infierno se pavimenta con buenas intenciones. No es solamente una justa electoral la que se va a librar este año, es una batalla de dos bandos por el poder económico y la base electoral del país, pues uno tiene toda una frontera llena de maquilas y aceraras, mientras que el otro tiene al porcentaje poblacional que hace ganar a cualquier partido una elección Federal. Todo cambia, al parecer este año nos lo va a demostrar.

¿Mi resultado en esta justa electoral? Es muy pronto para hablar de resultados, pero claro que podemos ver preliminares. Analizando a ambos precandidatos del régimen actual observamos dos perfiles muy distintos y a la vez adecuados para sus respectivas entidades. Por un lado, la Lic. Delfina Gómez, la educadora de Texcoco, una mujer de raíces trabajadoras, ejerciendo el campo de la educación toda su vida, fiel a la causa Obradorista y según algunas fuentes, victima de un fraude en la elección pasada resultando ganador el hoy Gobernador Alfredo del Mazo, podría decirse que se la deben. En el norte y desde el Senado de la República se perfila un hombre, Empresario, buen Norteño, de abolengo, experto en el tema metalúrgico, el Ingeniero y Maestro Armando Guadiana Tijerina. 

Al igual que su homóloga mexiquense son personas que expresan perfectamente al ciudadano modelo de ambas entidades; una por ser emanada del pueblo, educada, luchadora y triunfadora, mujer, humilde y cariñosa; todo lo contrario, a lo que ha recibido Edomex por parte de sus gobernantes; el otro, un hombre norteño, empresario, bien relacionado con nuestro país vecino y con conocimiento de la principal actividad económica de la región es lo que busca el Coahuilense. Desafortunadamente los dos no pueden existir en el mismo espacio, en el mismo tiempo, pues los cambios no pueden ni deben ser tan drásticos en periodos tan cortos, es por eso que la mayoría de ellos son imperceptibles a nosotros, simplemente tardan tanto que se nos olvidamos que están ocurriendo.

 Políticamente será igual, ningún imperio puede morir tan pronto y ningún imperio puede surgir tan rápido. Siendo de esa forma el PRI y su alianza no podrá perder ambos, mucho menos ganar ambos, como toda vejez traducida en un pacto solemne con el olvido el PRI deberá ir poco a poco perdiendo territorio hasta ya no conservar ninguno, no soy profeta de nada ni le deseo mal a partido alguno, solamente soy alguien que estudia la historia y ha leído muchas veces sobre imperios que hoy por hoy no existen, imperios de los que solamente quedan vestigios, recuerdos. 

Morena ganará Edomex o Coahuila, pero no ambos, Roma no se construyó en un día, de ambos candidatos uno le ha faltado el respeto a la envestidura presidencial, y ese es el candidato del Senado de la República, pues ante ojos de todos se sumó al proyecto de nación de otro Senador cuya persona no se encuentra dentro de las preferencias sucesorias de Palacio Nacional y en su momento llegaron a hablar de más sobre sus aspiraciones políticas, recordemos que una de las cosas que más molesta al Palacio Nacional son esas, pues solamente en Palacio se destapan las corcholatas. Por otra parte en Edomex reside uno de los grupos de poder que más difícil hicieron la vida del hoy Presidente y ¿qué mejor venganza existe que la de conquistar terreno rival? En mi opinión PRI pierde Edomex y permanecerá en Coahuila, desafortunadamente para ellos tocará perder al hijo más fuerte, pero asegurando la supervivencia en el hijo más fiel.

¿Será el 2023 el año en que caerá el PRI? Eso no lo sabemos, las métricas nos marcan que sí, pero ese viejo partido si algo nos ha enseñado es que, mientras más acorralado esté más impresionante e increíble es su victoria. Estimado lector espero se encuentre muy bien, uno por acá se encuentra que es ganancia y para no perdernos le entrego esta columna quincenal, espero les haya gustado así como les gusta a otros colegas. Mientras tanto sin nada mas que decir y emulando al gran Buendía les digo: lo dicho, dicho.