El Pentágono elevó a 29,000 millones de dólares el costo acumulado de la guerra en Irán, un incremento de alrededor de 4,000 millones respecto a la cifra reportada hace dos semanas. El ajuste ocurre en medio de creciente incertidumbre fiscal en Estados Unidos, tensiones políticas en Washington y efectos económicos globales que ya impactan inflación, energía y crecimiento.
El director financiero interino del Pentágono, Jules Hurst III, informó este 12 de mayo ante el Congreso que la cifra se mantiene en revisión constante y podría seguir aumentando conforme se prolonguen las operaciones militares en Medio Oriente.
De acuerdo con el Departamento de Defensa, los recursos se han destinado a operaciones militares, mantenimiento de buques desplegados, reabastecimiento de municiones, reposición de equipo y costos logísticos en la región.
La comparecencia ocurre mientras el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el general Dan Caine enfrentan audiencias en el Capitolio para defender una solicitud presupuestaria de 1.45 billones de dólares para el próximo año fiscal, una de las más altas en la historia del Pentágono.
El aumento del gasto militar ha reavivado el debate político en Washington sobre las prioridades del gobierno federal, en un contexto en el que la Casa Blanca ha planteado que el gasto en defensa debe prevalecer sobre la expansión de programas sociales.
El presidente Donald Trump ha señalado que el país no puede sostener simultáneamente el financiamiento de programas como guarderías, Medicaid y Medicare, y que estos deberían ser responsabilidad de los estados.
“Es imposible para nosotros encargarnos de todo eso… tenemos que encargarnos de una cosa: la protección militar”, ha declarado el mandatario, en medio de críticas de legisladores demócratas que acusan a su administración de priorizar la guerra sobre el bienestar social.
Las tensiones se han intensificado luego de que el Pentágono solicitara al Congreso cerca de 200,000 millones de dólares adicionales para financiar el conflicto, mientras analistas estiman que la guerra ya cuesta alrededor de 1,000 millones de dólares diarios.
En este contexto, la economía estadounidense registró en abril una inflación de 3.8% interanual, el nivel más alto desde 2023, impulsado en parte por el aumento en los precios de la energía derivado del conflicto en Irán.
El encarecimiento del petróleo está estrechamente ligado a la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas más estratégicas para el comercio global de crudo, por donde transita cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. En las últimas semanas, el corredor marítimo se ha visto afectado por bloqueos y cierres entre Estados Unidos e Irán, en medio de un estancamiento en las conversaciones de paz.
El presidente estadounidense Donald Trump rechazó recientemente la última propuesta iraní al calificarla como “totalmente inaceptable”, mientras que Teherán ha exigido el levantamiento de sanciones, compensaciones por daños de guerra y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho, uno de los puntos más sensibles del conflicto.
La incertidumbre sobre el control de esta vía marítima ha elevado la volatilidad en los mercados energéticos globales, encareciendo el transporte marítimo y presionando los precios del petróleo, lo que a su vez se ha trasladado a costos más altos en alimentos, logística y producción industrial en distintos países.
El conflicto ocurre en paralelo a un aumento histórico del gasto militar estadounidense. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), Estados Unidos destinó cerca de 954,000 millones de dólares a defensa en 2025, manteniéndose como el país con mayor gasto militar del mundo.
En el Congreso, legisladores republicanos y demócratas han cuestionado tanto la falta de claridad sobre el financiamiento de la guerra como la decisión de la administración de no detallar completamente el presupuesto operativo asociado al conflicto, lo que ha alimentado fricciones sobre transparencia y control legislativo.
La administración estadounidense insiste en que las operaciones continuarán mientras sean necesarias para cumplir los objetivos estratégicos en Medio Oriente, aun cuando la discusión política en Washington se intensifica y los costos económicos del conflicto siguen aumentando sin una ruta clara de salida.