Tras perder las elecciones presidenciales frente a Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro abandonó Brasil y llegó a Estados Unidos, donde encontró respaldo en el entorno del presidente Donald Trump. Desde Florida, el político brasileño busca mantener su actividad política y continuar cuestionando las instituciones de su país.
En una entrevista con The Washington Post, publicada este 7 de noviembre, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro relató las circunstancias de su salida de Brasil, su llegada a Miami y su posterior aparición en Mar-a-Lago, el club privado de Trump en Palm Beach, donde se celebró una gala de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).
Bolsonaro, quien perdió la segunda vuelta electoral ante Lula por alrededor de 4.4 millones de votos, aseguró que no sabe todavía cuál será su futuro político, pero que necesita regularizar su situación migratoria en Estados Unidos. También afirmó que Trump está “convencido” de que Brasil dejó de ser una democracia plena.
La salida de Flávio Bolsonaro ocurrió después de que Lula consiguiera la victoria en la segunda vuelta presidencial. Aunque el candidato de derecha había quedado por delante en la primera ronda, el mandatario sumó alrededor de 10 millones de votos adicionales y obtuvo el triunfo definitivo.
Tras los resultados, Bolsonaro cuestionó el sistema electoral brasileño y planteó la posibilidad de anular los comicios, sin presentar pruebas que respaldaran sus acusaciones de fraude.
Al día siguiente visitó a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años de prisión por conspirar para dar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022. Durante ese encuentro, supo que el juez Alexandre de Moraes había ordenado entregarle sus pasaportes en un plazo de 24 horas, en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero.
De acuerdo con el relato que ofreció al diario estadounidense, después de esa visita desapareció durante aproximadamente 36 horas y cruzó la frontera brasileña, presuntamente hacia Argentina, antes de reaparecer en Miami el 29 de octubre.
El político se negó a explicar cómo realizó el trayecto o si recibió ayuda para salir del país. Un funcionario brasileño de seguridad confirmó al Washington Post que las autoridades investigan una posible participación de agentes estadounidenses, argentinos e israelíes en su salida. Sin embargo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, rechazó que el gobierno de Estados Unidos hubiera intervenido directamente.
Una vez en Florida, Flávio Bolsonaro y su familia fueron recibidos por la administración Trump bajo razones humanitarias. El mandatario estadounidense afirmó que el brasileño podría permanecer en el país “todo el tiempo que quiera”.
Días después, Bolsonaro apareció en Mar-a-Lago para participar en una gala de la CPAC, espacio de encuentro de figuras conservadoras de Estados Unidos y otros países.
Desde Estados Unidos, Flávio Bolsonaro mantiene sus cuestionamientos al resultado electoral y a las instituciones de Brasil. En la entrevista, sostuvo que decidió trasladarse porque considera que puede expresarse en territorio estadounidense sin temor a ser detenido.
“Las instituciones estadounidenses todavía funcionan. Mientras que en Brasil ya no”, declaró.
También aseguró que Trump comparte su interpretación de la situación política brasileña: “Trump está convencido de que Brasil ya no es una democracia plena”.
Sin embargo, las autoridades electorales brasileñas no han encontrado irregularidades en los resultados de los comicios. Incluso Kassio Nunes Marques, presidente del Tribunal Superior Electoral y nombrado magistrado por el propio Jair Bolsonaro, ha sostenido que la elección fue justa.
Pese a ello, Flávio desestimó sus declaraciones y afirmó que nadie puede asegurar con absoluta certeza que no hubo fraude, aunque tampoco presentó pruebas que sustentaran sus señalamientos.
La salida de Bolsonaro también provocó cuestionamientos entre personas cercanas a su movimiento político. Según el Washington Post, algunos de sus aliados consideraron que abandonar Brasil fue una decisión impulsiva y perjudicial para cualquier intento de impugnar los resultados electorales.
Por su parte, su hermano Eduardo Bolsonaro, quien vive en Texas y también enfrenta procesos judiciales en Brasil, celebró la salida de Flávio y la describió como una operación para despistar a las autoridades y a los medios de comunicación.
El caso muestra cómo el entorno de Trump se ha convertido en un espacio de respaldo político para los Bolsonaro, quienes mantienen desde Estados Unidos sus cuestionamientos al gobierno de Lula y a las instituciones brasileñas.
Mientras Lula continúa en la Presidencia tras ganar en las urnas, Flávio Bolsonaro busca mantener su presencia política desde Florida y promete a sus simpatizantes que “grandes cosas están por venir”.