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  • hace 1 hora
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Andy Burnham: ¿La próxima víctima de la City de Londres?

El Partido Laborista eligió a Andy Burnham como su líder quien se perfila como el nuevo Primer Ministro de Gran Bretaña. Tras una pasarela de seis primeros ministros desde el Brexit, la llegada de Burnham a las puertas del Número 10 Downing Street se presenta ante la opinión pública como el inicio de una era de estabilidad. Sin embargo, detrás del cambio de rostros, el verdadero motor de la crisis política británica sigue intacto.

El economista y exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ofrece una lectura mucho más incómoda. El destino de Burnham no pinta distinto al de sus predecesores porque el verdadero poder en el Reino Unido no reside en el Parlamento, sino en los rascacielos de la City de Londres y su ambición global.

En un análisis publicado en su blog el pasado 22 de junio, Varoufakis desmantela la visión idílica del mercado de deuda británico. Frente a la teoría económica clásica, que dicta que los bonos soberanos son adquiridos por ahorradores responsables a largo plazo, la realidad del Reino Unido es una intrincada maraña de especulación y apalancamiento financiero.

La capacidad del gobierno británico para refinanciar su colosal deuda pública, que roza los 3 billones de libras, no depende de los fondos de pensiones o de los ciudadanos británicos. Depende de la disposición de gigantescas instituciones financieras estadounidenses que piden dinero prestado a corto plazo en EE. UU. para comprar bonos británicos a largo plazo. Posteriormente, utilizan esos mismos bonos como garantía para seguir obteniendo créditos en Wall Street.

Esta dinámica elimina la soberanía financiera del Reino Unido. Al depender de especuladores altamente apalancados y volátiles en lugar de ahorradores tradicionales, el país queda expuesto a las "llamadas de margen", si los bonos empiezan a perder valor, los fondos estadounidenses se deshacen de ellos en masa para protegerse, transformando cualquier turbulencia menor en un colapso financiero absoluto.

Varoufakis explica que el fenómeno nació en la década de 1950. Mientras el Imperio Británico se desintegraba en lo político y su economía real entraba en declive, los financieros de la City de Londres encontraron una mina de oro al convertirse en el paraíso desregulado del naciente imperio del dólar y el sistema de Bretton Woods.

Al ofrecer inmunidad legal frente a la rendición de cuentas democrática, una red de paraísos fiscales extraterritoriales y captar el flujo de petrodólares, la City prosperó a costa de vaciar la soberanía del Estado. La City de Londres se convirtió en un paraíso fiscal, hipertrófica y multimillonaria conviviendo con un país de infraestructura envejecida y servicios públicos en decadencia. Quien asume el cargo de Primer Ministro cree que tiene el control del Estado, pero en realidad, sus prioridades están encadenadas a mantener el atractivo de la City para los capitales de Nueva York.

De Liz Truss a Keir Starmer: Los ejemplos de la sumisión

La historia reciente demuestra que el mercado de bonos de la City opera como un tribunal implacable que decapita gobiernos sin necesidad de pasar por las urnas, como el fulminante derrumbe de Liz Truss, en septiembre de 2022, Truss y su ministro de Finanzas presentaron un "mini-presupuesto" que incluía el mayor recorte de impuestos en 50 años, beneficiando principalmente a las rentas más altas y a las corporaciones, pero financiado en su totalidad con un masivo incremento de la deuda pública. En lugar de aplaudir la medida, la City de Londres entró en pánico ante la insostenibilidad de esa deuda. Los especuladores estadounidenses, temiendo pérdidas y llamadas de margen, desataron una oleada masiva de ventas de bonos británicos y provocaron un desplome histórico de la libra esterlina. El Banco de Inglaterra tuvo que intervenir de emergencia para evitar el colapso de los fondos de pensiones, fulminando el gobierno de Truss en apenas 45 días. 

En el espectro opuesto se encuentra Keir Starmer, quien optó por una estrategia de "seguridad fiscal" diseñada específicamente para ganarse la confianza de los financieros de la City. Para lograrlo, abandonó por completo su promesa bandera de invertir 28,000 millones de libras anuales en la transición ecológica y los servicios públicos, mantuvo los límites al gasto social y se negó a elevar los impuestos a las grandes fortunas o al sector financiero. Su política complació temporalmente a los mercados y mantuvo estables los bonos, provocó una parálisis gubernamental absoluta y la asfixia de una infraestructura pública ya deteriorada, desatando un profundo descontento social que terminó por sepultar su propio liderazgo.

Según Varoufakis, la única alternativa real para cualquier primer ministro para recuperar la soberanía financiera requeriría aceptar la caída del precio de la vivienda, asumir la devaluación de la libra y romper la dependencia de Wall Street mediante la creación de un nuevo banco de inversión pública respaldado directamente por el Banco de Inglaterra.