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  • 28 May 2022
  • 14:05
  • SPR Informa 6 min

¿Un nuevo estigma en materia de salud pública para las poblaciones LGBTTTIQ+?

¿Un nuevo estigma en materia de salud pública para las poblaciones LGBTTTIQ+?

Por Juan Carlos Pastrana

En días pasados, diferentes países alrededor del mundo han reportado nuevos casos de viruela del mono, una enfermedad ya conocida desde hace más de medio siglo y que ya cuenta con vacuna y tratamientos avalados por diferentes organismos de salud pública. Sus síntomas se asemejan a una viruela común y actualmente no representa un problema de carácter pandémico. Sin embargo, ha causado alarma dentro de algunos sectores por las supuestas nuevas formas de transmisión: el contacto sexual. 

Ha sido en naciones como España y Gran Bretaña en donde se ha manejado la idea de que es a través de relaciones sexuales entre hombres homosexuales o pertenecientes a la diversidad sexual como se ha extendido esta nueva variante de la fiebre del mono; pero, ¿qué hay detrás de este sospechoso argumento?

El estigma relacionado a cualquier grupo social siempre va de la mano de exclusión, discriminación y rezago en el cumplimiento de los Derechos Humanos. Recordemos cómo, en la década de los ochentas, la pandemia del VIH/SIDA era reconocida como “la enfermedad de los homosexuales”, título que trajo consigo un grave rechazo generalizado hacia la población de hombres homosexuales y un miedo irracional a las relaciones sexuales de cualquier tipo. Hasta la fecha, existen resquicios de esa época negra en la historia de la salud pública internacional que señalan a este sector como el origen de las muertes causadas por esta condición inmunosupresora.

Actualmente, el origen del virus de inmunodeficiencia humana sigue siendo confuso, pero de lo que sí tenemos conocimiento es de todo el daño que aún causa el estigma y la discriminación hacia las personas que viven con VIH/SIDA. 

Es un hecho que la ciencia ha avanzado en sus diferentes campos de acción y que la infectología actual cuenta con mayores recursos para realizar mapeos virológicos que permiten conocer el posible origen de cualquier variante de un virus ya conocido. Lamentablemente lo que pareciera no ha cambiado es la relación entre la población LGBTTTI+ y la salud pública; otra vez −como hace 40 años− se quiere culpar a las disidencias sexogenéricas de una “nueva enfermedad”.

No debemos caer en desinformación y artículos de dudosa fuente que señalan inquisitoriamente como origen de contagio de este padecimiento a espacios LGBTTTIQ+. Es perverso y muy irresponsable aseverar este hecho. No repitamos los mismos errores cometidos con las poblaciones que viven con VIH, pues el impacto social sería totalmente devastador e inmoral. 

Dejemos que la ciencia hable por sí misma y dejemos en el olvido los mismos estigmas del pasado.