Estados Unidos suspendió temporalmente algunas sanciones al petróleo ruso por 30 días con el objetivo de aliviar la presión sobre los precios internacionales del crudo, afectados por las tensiones en Medio Oriente y las interrupciones en el Estrecho de Ormuz, una de las vías estratégicas por donde transita cerca del 20 por ciento del suministro mundial de petróleo.
La medida fue formalizada el 12 de marzo de 2026 por el Departamento del Tesoro mediante la Licencia General 134, que permitirá la comercialización de petróleo ruso que actualmente se encuentra en tránsito en el mar y que no había podido venderse debido a las restricciones impuestas por Washington y sus aliados tras la invasión de Ucrania.
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, la licencia aplica únicamente para el crudo que ya estaba cargado en buques antes del 12 de marzo. Se estima que entre 100 y 128 millones de barriles permanecen varados en el mar mientras los comerciantes buscan compradores dispuestos a adquirirlos bajo el nuevo esquema temporal.
Como parte de la medida, Estados Unidos también pausó el llamado “tope de precios” que limitaba el valor al que Rusia podía vender su petróleo en el mercado internacional, con el objetivo de facilitar que ese crudo pueda entrar al mercado global a precios comerciales. La autorización tendrá vigencia hasta la medianoche del 11 de abril de 2026.
El presidente Donald Trump confirmó que la decisión busca reducir la presión sobre los mercados energéticos. “Ciertas sanciones petroleras serán levantadas temporalmente para estabilizar los precios y garantizar el flujo de crudo a través de zonas estratégicas como el Golfo”, declaró durante una conferencia de prensa en Doral, Florida.
El mandatario también dejó abierta la posibilidad de que algunas restricciones no vuelvan a aplicarse si la situación internacional se estabiliza. “Las sanciones se mantendrán levantadas hasta que la situación se arregle. Si logramos estabilidad, tal vez no tengamos que volver a aplicarlas”, señaló.
La decisión se produce en medio del fuerte aumento de los precios del petróleo provocado por el conflicto en Medio Oriente, particularmente por la crisis en el Estrecho de Ormuz, una vía marítima clave por donde transita cerca del 20 por ciento del suministro mundial de crudo. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha afectado gravemente el tránsito en esta zona estratégica, lo que ha reducido la oferta global.
Desde el inicio de los ataques contra Irán, los precios del crudo de referencia en Europa han aumentado alrededor de 30 por ciento. En algunos momentos de la semana pasada el barril superó los 100 dólares, mientras que antes del conflicto se cotizaba en torno a los 73 dólares.
Aunque el anuncio de Washington generó un alivio momentáneo en los mercados, analistas consideran que el impacto en los precios será limitado. Expertos señalan que los cerca de 100 millones de barriles de petróleo ruso que podrían liberarse apenas cubrirían entre cinco y seis días del consumo mundial, que ronda los 104 millones de barriles diarios.
Además, la paralización del tráfico en el Estrecho de Ormuz sigue siendo el principal factor de presión sobre el mercado energético global, ya que la interrupción del suministro desde el Golfo Pérsico supera ampliamente el volumen de crudo ruso que podría regresar al mercado.
La medida también marca un giro en la política de sanciones de Washington hacia Moscú. Durante los últimos años, Estados Unidos había aplicado restricciones estrictas a los países que compraban petróleo ruso, incluso imponiendo fuertes aranceles a naciones acusadas de financiar indirectamente la guerra en Ucrania.
En el plano internacional, la decisión fue bien recibida por el Kremlin, cuyos funcionarios señalaron que demuestra la importancia del petróleo ruso para la estabilidad del mercado energético mundial. Sin embargo, gobiernos occidentales y activistas pro-Ucrania han criticado la medida al considerar que podría fortalecer financieramente al gobierno de Vladimir Putin.
Analistas estiman que, si Rusia logra vender el crudo que actualmente permanece en el mar, podría obtener ingresos adicionales de hasta 10 mil millones de dólares, una parte significativa de los cuales terminaría en las arcas del Estado ruso a través de impuestos a la industria energética.
A pesar de ello, funcionarios estadounidenses han insistido en que se trata de una medida limitada y temporal destinada a evitar una escalada aún mayor en los precios del petróleo y el impacto inflacionario que esto podría provocar en la economía global.