Durante décadas México aprendió a construir destinos turísticos. Cancún es quizá el ejemplo más evidente: infraestructura, hoteles, conectividad y millones de visitantes. Fonatur fue una pieza fundamental de ese modelo.
La pregunta ahora es otra: ¿qué pasa con quienes viven en esos lugares cuando el turista se va?
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo parece haber entendido que el turismo también puede utilizarse para reconstruir comunidades y generar bienestar donde se produce la experiencia turística. Lo que Fonatur está haciendo en Guerrero, principalmente en Acapulco, y Michoacán permite observar ese cambio.
Acapulco enfrentó dos golpes devastadores con Otis y John. Reconstruir podía significar simplemente regresar al punto anterior. Se decidió ir más lejos.
Fonatur asumió nuevas responsabilidades con la creación del Centro Integralmente Planeado Acapulco-Coyuca. La Costera Miguel Alemán fue intervenida a lo largo de 14 kilómetros: banquetas, iluminación, áreas verdes, mobiliario, accesibilidad y jardines de lluvia. También se trabaja en la recuperación de la Bahía Histórica y, por primera vez, el cien por ciento de lo recaudado por la Zofemat se destina al mantenimiento y conservación de las playas.
Al frente de Fonatur está Sebastián Ramírez Mendoza, quien ha definido esta etapa de la institución alrededor de una idea que me parece importante: que el desarrollo turístico también debe generar bienestar para quienes viven en los destinos. No es solamente discurso. En Acapulco, el Director ha encabezado el programa “Acapulco se Transforma Contigo”, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, y los resultados comienzan a verse.
Durante el primer semestre de 2026 Acapulco recibió más de 3.5 millones de turistas en hoteles, 26.3 por ciento más que durante el mismo periodo del año anterior.
En Michoacán la historia es distinta. Dentro del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, el gobierno de la presidenta Sheinbaum destinó 300 millones de pesos, a través de Fonatur, para infraestructura y equipamiento turístico. Fue precisamente Sebastián Ramírez quien anunció esta inversión y explicó algo que ayuda a entender hacia dónde se quiere llevar a Fonatur: utilizar el turismo comunitario también como una herramienta para generar oportunidades y atender las causas de la violencia.
Hay obras importantes: San Juan Parangaricutiro, los muelles de Janitzio, Tecuena, Yunuén y Pacanda, el panteón de Janitzio y la primera señalética turística inteligente del país en la región de Pátzcuaro.
Pero hay algo todavía más relevante. Los proyectos fueron discutidos durante meses con las comunidades y aprobados por sus autoridades. Además, se equiparán decenas de experiencias de turismo comunitario y proyectos de cocineras tradicionales.
Ahí está quizá la diferencia más importante. Durante mucho tiempo medimos el turismo contando ocupación hotelera, visitantes y derrama económica. Hoy también importa saber dónde termina ese dinero y cuánto permanece en las comunidades que reciben al visitante.
No parece casualidad que Guerrero y Michoacán estén viviendo procesos paralelos. Esta semana Beatriz Mojica y Carlos Torres Piña fueron elegidos para encabezar los trabajos de Defensa de la Transformación en sus respectivos estados.
Tendrán realidades distintas, pero también algo concreto que defender: una política impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo que entiende que recuperar un destino turístico es importante, pero mejorar la vida de quienes habitan en él lo es todavía más.
Tal vez ésa sea la evolución que Fonatur necesitaba. Pasar de construir lugares para visitar, a ayudar a construir lugares donde también valga la pena quedarse.