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  • 02 Nov 2022
  • 21:11
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Día de muertos en México: camino de cempaxúchitl y olor a copal

Día de muertos en México: camino de cempaxúchitl y olor a copal

Por Ana María Aparicio

Cada año recordamos a los que ya no están, y lo hacemos en un ritual que nos hermana en comunidad, nos alegramos de las vidas que nutrieron nuestra vida en una especie de homenaje a la que llamamos Muerte. Aparece La Catrina un personaje lleno de colores, hermoso, y nos identificamos con ese ser esquelético que somos y seremos todos. La vida efímera, en el recuerdo, atraviesa la eternización. Símbolo que trasciende los tiempos.

La Catrina, plasmada por el artista mexicano -caricaturista, grabador e ilustrador- Guadalupe Posadas, emblema de la caricatura política y plasmada posteriormente por el pintor mexicano Diego Rivera, icónica del muralismo mexicano. En épocas de un México revolucionario de finales del S. XIX y principios del XX, que hacía alusión a los vicios de la política mexicana y ponía en evidencia injusticias y desigualdades sociales. "La muerte, es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera" puntualizó un día Posadas, sin saber que esa imagen inspiraría a otras y que perduraría en el inconsciente colectivo de nuestro querido México.

Desde nuestros ancestros, se hacían rituales de culto a los muertos para guiar las almas en su camino al Mictlán. La muerte es una alabanza de vida, más que ausencia es presencia.

La conmemoración del día de muertos, que celebramos este 1 y 2 de noviembre, cabe señalar que viene desde tiempos prehispánicos (los antiguos mixtecas, mexicas, zapotecas, tlaxcaltecas, olmecas, totonaca, y demás pueblos originarios) establecieron estas fechas, en coincidencia con el fin del ciclo agrícola del maíz, principal cultivo y fuente alimentaria de nuestro país.

Nuestro Día de Muertos es pues, una tradición particular que revive en la cultura mexicana el espíritu festivo cargado de simbología y sabiduría ancestral. Siendo así, que en el año 2008 la UNESCO lo declara Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por considerar que representa una forma de reivindicar la unidad de los pueblos indígenas y sus ancestros. Además, reivindica el camino cultural que nos recuerda eso que nos ha hecho humanos, en nuestro camino civilizatorio.

En contraposición, la celebración de “Halloween”, conmemorada el 31 de octubre en otros lugares del mundo, proveniente de otras culturas, con sus propios simbolismos y significados, llega a nosotros por influencia norteamericana en una oleada imperialista y de propaganda mercadotécnica. Culturalmente hablando, hasta resulta antagónica. En el sentido que nuestra cultura construye al imaginario de La Muerte, desde la cosmogonía característica de las culturas prehispánicas, donde el ritual conecta con un poder supremo que origina la vida, donde la magia propia de nuestro México se potencia y enaltece. Por el contrario, esta otra tradición, aborda la venida de los muertos desde un sitio muy distinto, que implica el terror, los personajes macabros y un sincretismo que se ha venido imponiendo. Lo que a estas alturas no es denostable porque la tradición del Día de Muertos en nuestro país es tan fuerte, fundamental y sensible, que la hemos venido acogiendo desde nuestra propia tradición.

Sin embargo, dicho sea de paso, llama mucho la atención el cómo es que, algunos gobernantes como la Alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, una vez más, pone al descubierto su ignorancia y desprecio hacia la cultura, en un desfile Halloweenesco que desde la institución gubernamental, fomenta tradiciones que no son propiamente Mexicanas, aunado a una serie de acciones que han sido polémicas en su mandato, justamente por su clasismo en evidencia y un menoscabo a la cultura popular.

En contraposición a lo anterior, puedes escoger disfrutar del sendero de cempasúchil alumbrado por veladoras, calaveras de maíz, flores hermosas de colores vivos, y el olor a copal. La muerte no distingue razas ni clases, nos hermana a los seres por igual. Se conducen al altar, en una ofrenda que los deleita con alimentos, propios de nuestra cultura: chocolate, tamales, pulque, pan de muerto, calaveritas de azúcar, dulces de leche, tequila, frutos, mole y esos gustos culinarios que tenían, los que en esta fecha, atraviesan el umbral.

Regocíjate pues, de una rica tradición que con júbilo se celebra en muchos rincones de nuestro país, en cada uno encontrarás las peculiaridades culturales. Como lo es en Pátzcuaro, Janitzio y varios poblados de Michoacán; Cuetzalan, Huaquechula y varios lugares de Puebla; la Huasteca Potosina; o los tantos sitios de Oaxaca. De la Ciudad de México podrías visitar: Xochimilco; la Mega Ofrenda de la UNAM que este año se pone en la Facultad de Arte y Diseño y en la plaza Santo Domingo del Centro Histórico de la capital; o Mixquic, del pueblo de Tláhuac. Incluso se te invita a seguir la programación de actividades culturales, impulsadas por Cultura Ciudad de México y Secretaría de Cultura, que tienen para ti: el gran desfile de Día de Muertos, la belleza de la extensa ofrenda del Zócalo capitalino, un recorrido nocturno hacia la Teopankali “Casa de los altares” en la primera sección del Bosque de Chapultepec, entre conciertos y muchas otras actividades festivas.

En una nostalgia melancólica y gozo sublime, entre cantos y agradables aromas, recordamos lo que somos, humanos con cualidad de memoria, humanos que recuerdan, que filosofan una y otra vez la encrucijada simbólica que es la muerte. La que nos pone de frente a los seres que amamos, que traemos a nosotros para suspender el tiempo, recordando una y otra vez que no los hemos olvidado, perduramos porque no olvidamos.