El bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb —el paso obligado entre el mar Rojo y el océano Índico— por parte de los rebeldes hutíes de Yemen, un grupo vinculado a Irán, representa un duro golpe logístico para los compradores del petróleo de Arabia Saudita en Asia, principalmente China, India, Japón y Corea del Sur.
Tras el incremento de las tensiones militares en la región, los hutíes anunciaron un embargo naviero contra Arabia Saudita y los buques vinculados a sus terminales petroleras.
Ante las complicaciones previas en el estrecho de Ormuz por la fricción entre EE. UU. e Irán, Arabia Saudita había incrementado el uso de su oleoducto Este-Oeste para trasladar crudo al puerto de Yanbu, en el mar Rojo, y exportar desde allí hacia Asia. Con la interrupción en Bab el-Mandeb, los hutíes buscan asfixiar también esta ruta alternativa.

Al no poder cruzar el mar Rojo, los petroleros se ven obligados a rodear el continente africano por el Cabo de Buena Esperanza. Esta desviación añade entre 10 y 20 días de viaje, dispara el consumo de combustible, encarece los fletes marítimos y eleva exponencialmente las primas de seguro por riesgo de guerra.
De acuerdo con datos de la U.S. Energy Information Administration (EIA), por el estrecho de Bab el-Mandeb transitan habitualmente entre 8.6 y 8.8 millones de barriles diarios (mbd) de petróleo crudo y derivados, lo que equivale al 12% del comercio petrolero marítimo mundial. Por su parte, mediciones de S&P Global señalan que el volumen específico de crudo saudita que fluye desde el puerto de Yanbu hacia Asia y que hoy está en riesgo se estima entre 2.5 y 3 mbd.
En marzo de 2021, un incidente en el Canal de Suez —el extremo norte del mar Rojo— demostró de manera contundente la extrema fragilidad de los puntos de estrangulamiento marítimo mundial.
El portacontenedores Ever Given, operado por la naviera taiwanesa Evergreen, quedó incrustado diagonalmente en el canal el 23 de marzo de 2021 tras perder la maniobrabilidad por fuertes ráfagas de viento y una tormenta de arena. Con 400 metros de longitud (el equivalente a cuatro canchas de fútbol) y una capacidad para 20,000 contenedores, la embarcación bloqueó por completo la vía durante 6 días hasta su liberación el 29 de marzo.
El incidente dejó varados a más de 422 buques en ambos extremos del canal (el mar Rojo y el mar Mediterráneo), cargados con todo tipo de mercancías, desde petróleo hasta productos manufacturados y ganado.
Según estimaciones del portal especializado Lloyd's List, el bloqueo retuvo aproximadamente 9,600 millones de dólares diarios en comercio exterior (unos 400 millones de dólares por hora).
Para lograr desencallarlo, la Autoridad del Canal de Suez y la firma holandesa Smit Salvage debieron remover más de 30,000 metros cúbicos de arena y lodo utilizando dragas y excavadoras, además del trabajo conjunto de 13 remolcadores aprovechando la marea alta provocada por la luna llena.
El encallamiento del Ever Given sirvió como antecedente directo de los efectos de una interrupción en el mar Rojo: obligó a docenas de navieras a desviar sus flotas por el Cabo de Buena Esperanza en África, sumando entre 7 y 12 días adicionales de navegación y disparando las tarifas de flete marítimo internacional hasta en un 300% en las semanas posteriores.