En la árida región carbonífera de Coahuila, donde se extrae el 99% del carbón del país, la minería es sinónimo de contradicciones: genera empleo pero cobra vidas. Esta zona desértica de 16 mil km², que abarca municipios como Juárez, Múzquiz y Sabinas, vive entre el progreso económico y el dolor de tragedias como Pasta de Conchos (2006) y Pinabete (2022).
La activista Cristina Auerbach ha denunciado que "el carbón que están sacando de la región, sale rojo de sangre", haciendo referencia a los constantes accidentes y violaciones de seguridad en las minas.
El 19 de febrero de 2006, una explosión en Pasta de Conchos sepultó a 65 mineros. Sólo dos cuerpos fueron recuperados tras meses de espera, mientras familiares como Martha Iglesias denunciaban abandono: "La mina tenía condiciones para el rescate. ¿Por qué Grupo México y los gobiernos de Fox y Calderón lo impidieron?". Un dictamen de 2007 archivó el caso, argumentando riesgos para rescatistas, mientras las familias enfrentaban campañas de desprestigio.
Pinabete: un nuevo enfoque humanista
El 22 de agosto de 2022, otro derrumbe en Sabinas atrapó a 10 mineros. Esta vez, la respuesta fue distinta. Laura Velázquez Alzúa, coordinadora de Protección Civil, recordó la orden clara del expresidente Andrés Manuel López Obrador: "Rescatarlos y no abandonar a las familias". Durante 900 días, el gobierno federal trabajó en la recuperación de los cuerpos, otorgó indemnizaciones y mantuvo diálogo permanente con los afectados. "Es el primer presidente que nos ha escuchado", reconoció Marta Huerta, familiar de una de las víctimas.
Mientras Pasta de Conchos simboliza 18 años de olvido institucional y negligencia por parte de Grupo México en contubernio con los gobiernos neoliberales de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, Pinabete marca un precedente en la lucha de las familias mineras de Coahuila, quienes han encontrado una luz de esperanza, después de décadas de promesas incumplidas y omisiones gubernamentales.
Hoy, los avances en el rescate de Pasta de Conchos bajo la actual administración de la presidenta Claudia Sheinbaum dan un rayo de esperanza a familias que, como Martha Iglesias, finalmente se sienten acompañadas: "Por primera vez hay voluntad para saber qué pasó con nuestros seres queridos".
En esta tierra donde el carbón "sale rojo de sangre", como afirma la activista Cristina Auerbach, las cicatrices siguen abiertas, pero la lucha por justicia y memoria no cesa.