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  • hace 23 horas
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La onda expansiva del Brexit: La máquina de triturar primeros ministros

La dimisión de Keir Starmer abre el camino para que el Reino Unido reciba a su séptimo Primer Ministro en diez años tras los colapsos de David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak. 

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La ruptura con la Unión Europea en 2016 se vendió bajo la promesa de recuperar la soberanía nacional frente a las élites de Bruselas; sin embargo, en la práctica, el Brexit dinamitó los tres grandes consensos económicos y sociales que sostenían al Reino Unido desde la posguerra: la estabilidad comercial, el Estado de Bienestar y la cohesión territorial.


La integración al mercado único europeo garantizaba el flujo de mercancías y mano de obra sin fricciones. Su pérdida costó al país una reducción permanente de entre el 4% y el 5% de su Producto Interno Bruto potencial, según las proyecciones de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR). 


Como reflejo de esta economía estancada que ya no puede financiar sus servicios públicos esenciales, el Sistema Nacional de Salud (NHS) registra hoy listas de espera récord de más de 7.6 millones de personas. Además, el Brexit reabrió las tensiones identitarias y económicas en Escocia e Irlanda del Norte, fragmentando la idea misma de una identidad británica unificada.  


El Brexit prometió la liberación del yugo europeo, pero terminó por arrodillar al Estado británico ante su verdadero poder fáctico: la City de de Londres. Algunos sectores financieros promovieron la salida de la UE no para empoderar al ciudadano común, sino para desregular el capital, dejándolo libre de las directivas europeas contra el lavado de dinero y la evasión fiscal. 
Tras absorber el impacto inicial, los rascacielos de la City prosperan manteniendo cerca de 680,000 empleos y ganancias extraordinarias gracias a la eliminación del tope a los bonos de los banqueros y la flexibilización de las reglas de Solvencia II.


En contraste, el ingreso salarial real de los hogares británicos ha vivido su peor periodo de estancamiento desde las guerras napoleónicas, conviviendo con un aumento de la pobreza infantil que ya afecta a 4.3 millones de niños en el Reino Unido.


La influencia de la City en la política británica quedó exhibida en 2022 con Liz Truss, cuyo gobierno cayó en apenas 45 días tras un desplome de la libra provocado por los mercados de bonos. Keir Starmer tomó nota y ejecutó la "Operación Prawn Cocktail", prometiendo a los fondos de inversión que no tocaría sus ganancias. Al domesticar su programa económico para complacer al sector financiero, Starmer se vio obligado a mantener la austeridad presupuestal, lo que secó sus bases sociales, aceleró su desgaste y provocó su renuncia. 

 
Esta inestabilidad británica no se explica únicamente en los libros de contabilidad; se opera desde los algoritmos. En 2016, la campaña oficial del Brexit (Vote Leave), comandada por Dominic Cummings, modificó para siempre la tecnología electoral utilizando a las firmas AggregateIQ y la matriz de Cambridge Analytica. 


Esa campaña no buscaba convencer al electorado tradicional, sino activar a los "votantes fantasmas", ciudadanos desencantados del sistema, mediante la microsegmentación psicográfica en Facebook. A través del modelo OCEAN, el algoritmo distribuyó cerca de mil millones de variantes de Dark Ads, explotando miedos específicos en la población, desde la falsa amenaza de una invasión migratoria turca hasta el colapso financiero.


Esta realidad algorítmica mantiene atomizado al electorado británico, pulverizando el centro político que Starmer representaba y alimentando el crecimiento de la derecha dura, representada por Reform UK de Nigel Farage que capitaliza el resentimiento identitario; y por la izquierda, con el Partido Verde que absorbe la frustración de las juventudes desencantadas con la austeridad laborista.