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  • 17 Jan 2023
  • 23:01
  • SPR Informa 6 min

México como sustituto de China en la producción tecnológica de América del Norte: entre la oportunidad y la sumisión estructural

México como sustituto de China en la producción tecnológica de América del Norte: entre la oportunidad y la sumisión estructural

Por Ernesto Ángeles .

La semana pasada tuvo lugar en México la “Cumbre de Amigos de América del Norte” entre los mandatarios de México, Estados Unidos y Canadá: los presidentes López Obrador, Joe Biden y Justin Trudeau, quienes se reunieron en el marco de una visita trilateral en México para dialogar acerca de temas como la migración, la inclusión, el cambio climático, así como algunos proyectos de cooperación económica.

Este formato de reunión trilateral de alto nivel no es nuevo, sino que se deviene de una tradición política regional, la cual fue fortalecida desde la firma del entonces Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y que tras la presidencia de Trump pasó a ser el Tratado entre los Estados Unidos Mexicanos, los Estados Unidos de América y Canadá (T-MEC). Por tanto, cualquier análisis de tal reunión debe tener bastante en claro la normativa, los alcances y las directrices generales que rigen la relación regional entre México, Estados Unidos y Canadá; así como la correlación de fuerza, capacidades y contexto mundial en el que nos encontramos, ya que estamos en medio de un profundo proceso de cambio y reacomodo internacional.

Los acuerdos y promesas hechas en esta reunión son una clara muestra de las prioridades, visión y agenda de los mandatarios y de cada país, en donde gracias estos se pone en evidencia la disparidad de capacidades de poder y su peso a la hora de determinar las prioridades regionales, muchas de las cuales realmente fueron “propuestas” por parte de Estados Unidos, cuya representación de alto nivel hizo patente su interés por cuestiones vitales para Washington y sus agendas políticas, tal como el caso de la migración y la crisis de salud pública causada por el fentanilo; mientras que Canadá también hizo lo propio, sobre todo en lo que corresponde a sus mineras y el cuidado de mantener el desigual mercado que ganaron en México, sobre todo vía el TLCAN/ T-MEC.

En el caso de México su posición es más compleja, no sólo porque básicamente es el país más débil de la triada, sino porque los otros dos países comparten una visión atlantista e impearialista que choca directamente con el interés del presidente López Obrador que América Latina se una bajo un regionalismo proteccionista, el cual, de acuerdo al mandatario mexicano, podría impulsar el modelo de sustitución de importaciones a nivel regional/continental para así competir más holgadamente en el futuro multipolar que nos espera; sin embargo, según lo podemos constatar en el caso de Perú, Estados Unidos no está en absoluto interesado en la integración regional de América Latina y menos si esta es a través de gobiernos de izquierda, sino que la doctrina Monroe y el “América para los americanos” sigue bastante presente en el imperialismo estadounidense y el atlantismo en general.

Sin embargo, tampoco es que Estados Unidos o Canadá tengan un margen de acción tan amplio y holgado como antaño, sino que se enfrentan a retos simultáneos como: el ascenso y fortalecimiento económico y político de China; el reacomodo de alianzas a nivel mundial; la ingobernabilidad interna en sus países y el ascenso de la extrema derecha; el (lento) colapso del neoliberalismo y las cadenas de suministro; el fortalecimiento geoeconómico de México; entre muchos otros. Tal correlación de fuerzas fue el motivo por el cual la reunión entre los tres mandatarios norteamericanos versó de manera tranquila, cordial y hasta amistosa; aunque no hay que analizar la reunión desde la óptica del triunfalismo y el optimismo ciego, así como tampoco desde el odio y la cerrazón (usualmente de parte de los medios corporativos), sino que es importante ser claros en los verdaderos alcances de la reunión y el balance alcanzado después de ésta.

Específicamente en materia tecnológica, más allá de los anuncios, titulares y medidas promocionadas; la coordinación y proyectos entre los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá muestran desigualdades estructurales bastante preocupantes: a nivel general, México se ha comprometido a brindar mano de obra calificada y recursos naturales a cambio de tener un modesto lugar en el proceso de integración y producción tecnológica regional, en donde el país aceptará pasivamente el despliegue de tecnología, por ejemplo en la frontera, con la única finalidad de frenar la migración hacia Estados Unidos, así como para limitar el ingreso de sustancias ilegales a su lado de la frontera. Y más allá de la legítima crítica que existe al literal acto de fe en creer que la tecnología solucionará problemas sociales, saltan cuestiones básicas tal como la pasividad de las autoridades estadounidenses a sus propios cárteles y señores de la droga, mientras que paralelamente intentan tecnologizar más las fronteras y aduanas, violando en el proceso diversos derechos de migrantes y su dignidad en general.

Por otra parte está el caso de los “minerales raros” y su rol en la producción tecnológica, ya que en el marco de esta reunión se hizo énfasis en la importancia de los minerales críticos por ser “un componente esencial para acelerar la transición de energía limpia de América del Norte”, en donde tienen planeado que Sonora se convierta en un “hub” energético hacia Estados Unidos gracias a sus reservas de Litio y la posibilidad de instalar fábricas de baterías. En este proceso Estados Unidos y Canadá están más que ansiosos por arrebatarle los negocios de Litio en Sonora a China, la cual ya tiene presencia por medio de la empresa de exploración Ganfen Lithium.

Aunado al tema de los minerales raros están los semiconductores, los cuales no figuraron en la cumbre trilateral de manera directa, pero que estarán presentes en las reuniones de negociación entre los grupos de trabajo de los tres países, ya que otro de los objetivos de la cumbre fue la competitividad económica, en donde la producción tecnológica tendrá un papel fundamental a futuro y en donde los semiconductores representan un elemento básico, ya que estos le confieren la “inteligencia” a los dispositivos o, mejor dicho, la capacidad de procesamiento y orden de datos e información. En este contexto, México y Estados Unidos ya han llevado a cabo acciones bilaterales en la materia, tal como el foro “Fortalecimiento de las cadenas de suministro de semiconductores y TIC entre México y Estados Unidos”, realizado en agosto del año pasado.

Tal como se puede notar,  el saldo en materia tecnológica de la Cumbre de Amigos de América del Norte es bastante modesto y hasta pasivo, el cual se limita a la proveduría de insumos de bajo valor añadido para la producción tecnológica, mientras que la parte central (propiedad intelectual, derechos de autor y “know how”) la abarcan Canadá y, sobre todo, Estados Unidos, sin que en ninguna parte figure la transferencia de tecnología.

Sin embargo, este escenario deviene directamente de la relación establecida a través del  Tratado entre los Estados Unidos Mexicanos, los Estados Unidos de América y Canadá (T-MEC), en donde el área tecnológica sólo es ceñida a la visión comercial y económica y en la cual, en poco más de 12 páginas, se defiende la estructura de poder tecnológico estadounidense y sus capacidades a través de: asumir una supuesta igualdad entre las empresas de cada país, así como la imposibilidad de los gobiernos de tomar medidas de discriminación o protección comercial, salvo con pocas excepciones. Sin mencionar la defensa del gran poder de sus plataformas de redes sociales y contenido.

Sobra recordar que el T-MEC fue negociado mayoritariamente por Peña Nieto y su equipo, con salvedades como el capítulo 8, el cual fue negociado por el presidente López Obrador y parte de su gabinete; sin embargo, tal desequilibrio estructural será materia de otro artículo.

En conclusión, esta reunión fue aprovechada por el presidente López Obrador todo lo que podía ser aprovechada, ya que nos guste o no, México no es tan poderoso como Canadá o Estados Unidos, sobre  todo en materia tecnológica; por lo que la realización de proyectos mutuos conlleva una desigualdad estructural implícita...y explícita, a través de un tratado que fue firmado bajo la administración de un ex presidente como lo fue Peña Nieto: con poco apoyo popular, corrupto, entreguista y sometido al capital;  así como lo que parece fue un equipo con poca visión estratégica de la tecnología o con un liderazgo derrotado de antemano.