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  • 14 Nov 2022
  • 07:11
  • SPR Informa 6 min

Marcha, democracia y manipulación

Marcha, democracia y manipulación

Por Braulio Luna .

Este domingo, miles de personas salieron a las calles en distintas ciudades del país bajo el argumento de una supuesta defensa de la “democracia” y del Instituto Nacional Electoral que, aseguran (con profundo desconocimiento o desidia, considero), corren peligro con la reforma electoral enviada por el presidente al Congreso de la Unión.

Una reforma que busca reducir la representación proporcional en la Cámara de Diputados, el Senado, los Congresos locales, cabildos y concejos, que pretende ampliar y eficientar la participación a través del voto electrónico, busca recortar el gasto público en financiamiento a los partidos políticos, que pretende eliminar duplicidad de labores en organismos y tribunales locales, entre otras propuestas que, a grosso modo, plantean ampliar los alcances de la democracia, facilitar la participación y eficientar sus procesos. O sea, más democracia, no menos.

El proyecto obradorista representa una profunda propuesta democrática, y lo hace por distintas vías: creando mecanismos de participación ciudadana, consolidando y garantizado nuevos derechos en la Constitución, invirtiendo más en los pobres y menos en la burocracia y el Estado, poniendo en la agenda del gobierno los intereses de las mayorías y abriéndole espacios en lo público a sectores y personas que históricamente habían sido relegados.

Pese a esto, existe un sector de la población (minoritario, afortunadamente) que considera al obradorismo, su agenda y acciones como “un peligro para la democracia”.

Evidentemente, el obradorismo sí representa una amenaza para todo lo que ellos entendían como “lo público”. Por primera vez en casi un siglo el pueblo, los de abajo, los nadies, tienen un gobierno que les escucha, del que son parte, al que respaldan y con el que se sienten representados. Y eso es lo que está de fondo en la marcha de este domingo.

No es la democracia, no es ni siquiera la reforma. Si les preocupara el país no marcharían orgullosos con genocidas como los Calderón-Zavala, si les preocupara la democracia, no atenderían al llamado de personajes como Fox que utilizó facciosamente al Estado para sacar de la contienda a López Obrador en 2006, o el de Elba Esther Gordillo, quien fue una de las principales operadores de los fraudes en el pasado. Si les importara el pueblo, no legitimarían una marcha convocada por Claudio X González, un oligarca que solo vela por sus intereses económicos.

La marcha fue el resultado de un cúmulo de intereses partidistas, desinformación y descontento con el proyecto obradorista.

Contrario al autoritarismo que acusan quienes marcharon, el carácter democrático de la Transformación es tal, que se han recogido propuestas de todos los partidos políticos en la Cámara de Diputados para la construcción de un dictamen en el que participen todas las fuerzas políticas, sin renunciar a los principios del movimiento y de la propia reforma.

Sin embargo, poco se puede avanzar en un debate constructivo y enriquecedor, cuando el punto de partida de los opositores (ya sea por convicción o por manipulación) es una falsedad como que “el INE desaparecerá” y demás sarta de mentiras que se utilizaron para convocar a la gente a las calles.

La falsedad es tal que el discurso de José Woldenberg, único orador de la movilización, está plagado de mentiras como que el padrón electoral estará en manos del gobierno, que está en riesgo la garantía del acceso al voto y que la reforma plantea “destruir” todo los avances de la democracia liberal.

Sin proyecto, sin referentes y con una base ideológica fundada en la mentira, las previsiones muestran que la oposición camina dando tumbos hacia importantes derrotas electorales en el Estado de México y, seguramente, en la presidencia en 2024. Ahí radica su preocupación por mantener un Instituto Electoral partidizado y servil a sus intereses.

Como reflexión para quienes simpatizamos, militamos o formamos parte del proyecto obradorista, debemos tener presente que una de nuestras principales labores es impulsar la revolución de las conciencias.

Que tantas personas hayan atendido a un llamado motivado en la desinformación, la mentira y la manipulación debe convocarnos a ampliar los esfuerzos informativos y organizativos, incluso con sectores con los que normalmente, no estamos acostumbrados a hacerlo.