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  • 24 Oct 2022
  • 11:10
  • SPR Informa 6 min

La Derrota del Insulto y de la Infamia

La Derrota del Insulto y de la Infamia

Por Jenaro Villamil Rodríguez

Derrotados en las urnas, damnificados de sus bases territoriales, enfurecidos por el cambio de correlación en el poder, los grupos mediáticos, políticos y empresariales derrotados en el proceso electoral de 2018 le apostaron a colonizar el aire (las estaciones de radio y televisión), las redes sociodigitales y los principales medios impresos que ellos mismos leen para apostar al derrumbe del lópezobradorismo y, más específicamente, de la 4T.

Ensayaron desde el miedo y la histeria social -y ahí están las pruebas de los mensajes apocalípticos durante la crisis del abasto de la gasolina en medio de la guerra inicial contra el huachicol-, hasta la franca mentira, reiterada y abusiva, en medio de dos años de pandemia del Covid19. Convirtieron al doctor Hugo López Gatell, en primer lugar, y al presidente de la República, en segundo sitio, en obsesiones cotidianas, mórbidas y poco solidarias con los fallecidos, los afectados en hospitales por una pandemia que fue enfrentada y vencida colectivamente.

El Covid19 fue enfrentado con persistencia, claridad y muchos recursos económicos para que las vacunas estuvieran a tiempo, desde diciembre de 2020, y disponibles para los distintos estratos y segmentos de la población. Se venció la exclusión y el privilegio como política de salud pública. La vacunación, con sus errores, sus problemas o sus retrasos, fue un éxito de la recuperación de la noción pública de la salud.

Pensaron que en 2021 sería el “parto de los montes” y Morena perdería posiciones en el Congreso, gubernaturas y alcaldías importantes. Eso no sucedió. Disminuyó su  presencia en la Cámara de Diputados, pero mantuvo la mayoría simple, mientras que los candidatos y candidatas de Morena ganaron la mayoría de las gubernaturas disputadas en ese año y en 2022.

El proyecto no colapsó. Ha ido avanzando.

Buscaron reiteradamente a un Maximiliano imaginario que viniera a enfrentar a este “peladaje” de la 4T y de tantas veces anunciar una crisis con el gobierno de Joe Biden ocurrió exactamente lo inverso: la Casa Blanca necesita una alianza con Palacio Nacional y no una confrontación.

Entramos en las discusiones recientes sobre la reforma eléctrica, la Guardia Nacional y la presencia de las fuerzas armadas en labores de función pública, y la próxima reforma electoral. 

La agenda de la cuarta transformación fue avanzando, a pesar de que el bloque de la alianza opositora Va por México anunció una “huelga parlamentaria”: que no aprobarían ya una sola de las iniciativas del Ejecutivo federal.

Más pronto cae el hablador que un cojo. Y eso aplicó a esta endeble coalición de intereses y no de proyectos que articularon el PRI, el PAN y los residuos del PRD para hacer un “frente de contención” a la agenda gubernamental y lópezobradorista.

¿Qué ha ido sucediendo? Que tanto sectores y gobernadores del PRI, como los que quedan del PAN y los del Movimiento Ciudadano (en especial Nuevo León y Jalisco) asumieron la necesidad de co gobernar y enfrentar al crimen organizado, junto con el gobierno federal, el Poder Judicial y los mismos sectores económicos afectados.

En los hechos, la oposición es más negociadora y pragmática, mientras que en los dichos un sector cada vez más reducido se ha vuelto más estridente y menos riguroso en sus denuncias. Son aquellos que pertenecen al calderonismo residual, a los comunicadores y comentócratas del viejo régimen, junto con embusteros y mercenarios de medios digitales como Latinus que se hacen pasar como periodistas. Son payasos escandalosos.

El recurso del insulto se ha convertido en una necesidad urgente para que puedan alimentar su propio algoritmo. No se dan cuenta que sus “escándalos”, diatribas, mentiras, hackeos malogrados o retazos de reportajes para difamar o para estigmatizar a algunos proyectos (ahí están los casos del Tren Maya, del AIFA o de la refinería Dos Bocas) o el no-escándalo de la Casa Gris que trataron de equiparar con el de la Casa Blanca de Peña Nieto se les regresa como un boomerang.

Desesperados, convirtieron a un libelo mal escrito y peor editado en un road show de ataques, infamias y elucubraciones tan estrambóticas como irreales: transformaron una publicación como El Rey del Cash, en un compendio de sus fantasías. Lo único que lograron fue morderse la lengua y tropezar con la pobreza testimonial de la obra. Le atribuyen a LópeObrador lo que ha sido una constante en los cuadros políticos de la oposición.

La disputa por la calificación electoral en Tamaulipas afloró la capacidad de generar infodemia e inventos grotescos, con las técnicas más burdas, por parte de una coalición de medios, comentaristas y políticos cercanos a García Cabeza de Vaca y al calderonismo que se refugió en esta satrapía del noreste durante los últimos 4 años.

Fueron derrotados por el Tribunal Electoral, por la realidad y por la nula credibilidad de sus acusaciones en contra de Américo Villarreal. De todo lo que lo acusaban, incluyendo el presunto “narcogobierno”, resultó más ser un espejo, un compendio de lo que García Cabeza de Vaca hizo durante su gestión.

Vino el Guacamaya Leaks, una patética imitación de las técnicas del ciber-activismo y de lo ocurrido antes en experiencias de denuncia y periodismo colaborativo internacional, como ocurrió con Wikileaks y con Julian Assange (que ha pagado con la detención irregular y la persecución imperial de Estados Unidos durante casi diez años) o experiencias más rigurosas como el Panama Pappers. 

El Guacamaya Leaks ha sido un fraude tan burdo como patético. Es tal su desesperación por ensuciar todo lo ocurrido en esta administración con el tema de las relaciones con las Fuerzas Armadas, que acabarán generando una penosa hilación de “revelaciones” que no son tales.

Entonces les queda el insulto y la infamia como últimos recursos de una ausencia absoluta de estrategia para ganar el territorio y los votos en 2024. 

Los y las gestoras del insulto y de la infamia ganan hashtags, trending topics, algoritmos, pero no generan movimientos sociales, causas, batallas culturales. Son adictos al ruido o a la efímera percepción de que viven en su mundo raro de algoritmos y guerras de lodo, donde se retroalimentan y habitan casas grises de la corrupción.

El insulto los autodescribe. Y la infamia retrata sus carencias periodísticas, literarias y hasta críticas.

Un poco de más paciencia, profesionalismo y compromiso no les vendría mal. La realidad les dice, una y otra vez, que mientras más golpean desde su desprestigio, más fuerza y credibilidad le dan al propio presidente López Obrador y al proceso de transformación y cambio del régimen que vivimos.