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  • 25 Aug 2022
  • 23:08
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La anticristiana deshumanización derechista

La anticristiana deshumanización derechista

Por Uziel Medina Mejorada

 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.” Marcos 12:31

No es novedad encontrar que personajes afines al conservadurismo se jacten de una férrea devoción cristiana, a veces oscilando entre los límites del principio de laicidad mezclando posicionamientos políticos y confusas antítesis ideológicas con pronunciamientos del dogma religioso.

En medio de la batalla ideológica entre el conservadurismo y la transformación, las expresiones alusivas a la religión cristiana se han convertido en un frente de discusión que pasa por la reclamación del apego al estado laico, hasta la justificación para la movilización. De esta forma, las reflexiones basadas en las enseñanzas bíblicas y las tradiciones católicas por parte del presidente son a menudo señaladas como violaciones al laicismo o reducidas a guasa, al grado de des-calificar la conferencia matutina como “la homilía del presidente”, o caricaturizar la imagen del “detente” como política pública, descontextualizando los símbolos. Al mismo tiempo, se hacen afirmaciones exageradas como que López Obrador quiere destruir a la iglesia católica, o que se está utilizando a una de las corrientes evangélicas para dinamitar el estado laico, según Beatriz Pagés.

A la vez de que la derecha reclama el uso de la doxología por parte del presidente, también recurre a manifestaciones en las que los símbolos religiosos se convierten en banderas políticas para, según ellos, “luchar contra el comunismo y el nuevo orden mundial”, exacerbando discursos de odio e intolerancia, tal como se vio con las movilizaciones de FRENA  o las marchas “por la vida y la familia”, demonizando a luchadores sociales, segmentos poblacionales y militantes o simpatizantes de la izquierda gobernante.

Los discursos proferidos por el conservadurismo, anclados en su extraña profesión de fe, dibujan una cristiandad elitista, distante de los preceptos instruidos por el Maestro de la cruz, quien basó su ministerio terrenal en la procuración de la justicia, el combate a la desigualdad, la denuncia del abuso, el desprecio por la extravagancia, la solidaridad con los más necesitados, la reivindicación de los derechos de las mujeres y niños, así como la restauración integral de las personas. En contraste, los falsos cristianos predican la acumulación de riquezas a costa de los pobres, el desprecio por los menesterosos y la criminalización de las víctimas de la desigualdad.

La más reciente polémica viene desde el grupo parlamentario del PAN en la Ciudad de México, donde la tristemente célebre diputada América Rangel, en Twitter, se tomó el atrevimiento de decir que los delincuentes no merecen cobertura de derechos humanos porque “son bestias”. Si bien, no se puede negar que el comportamiento de las personas que incurren en delitos no es para nada aceptable, despojarlos de su humanidad es bastante inhumano. Bien conocido es que muchos de los delitos que suceden a diario son producto de fallas sistémicas que han despojado a miles de personas del derecho al trabajo, a la educación, a la salud, al libre desarrollo de la personalidad.

Negar la calidad de ser humano a cualquier persona por su comportamiento o ideología, (como suelen hacerlo en redes sociales) no solo atenta contra los derechos humanos de esa persona, sino que fomenta la discriminación y agudiza la polarización y el odio en una sociedad marcada por la decadencia en el amor al prójimo. Pero hay más, es también una inconsciente expresión de apostasía, al negar públicamente los pilares que sostienen la fe que se dice profesar, y es que, al menos tratándose de la fe cristiana que se presume en el conservadurismo, es una blasfemia descomunal llamar bestia a alguien que fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), incluso tratándose de una persona que rompió el marco de la legalidad, pues significa desconocer el sacrificio que dio vida al cristianismo y que tuvo por muestra de redención humana la salvación del malhechor (Lucas 23:43).

Este tipo de expresiones cobran relevancia en el momento en que la cristiandad celebra a la Biblia, sustento dogmático de la fe que se dice practicar (agosto en el protestantismo, septiembre en el catolicismo). Esto nos lleva a cuestionarnos ¿Dónde está el sustento de la religión que practican los conservadores? Si el Dios del cristianismo ha enseñado a amar ¿Por qué odian? Si el Jesús que narra la Biblia se esmeraba en ayudar al necesitado ¿Por qué se oponen a la asistencia social? Si el Cristo al que se encomiendan se apasionó por la restauración del espíritu humano ¿Por qué se empeñan en despreciar y menoscabar a quienes no son parte de sus cofradías? Es más que evidente que la deidad a la que veneran no es la misma que dio origen al cristianismo, que el conservadurismo es igual de cristiano que los fariseos, un montón de sepulcros blanqueados, ataviados por fuera y podridos por dentro (Mateo 23:27), creyéndose capaces de monopolizar el juicio divino.

De este tipo de farsantes advertía el Maestro cuando dijo “Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7;16), y de la manera que está escrito, por mucho que se persignen, no todo el que dice “Señor, Señor” es digno de la gloria divina (Mateo 7:21), sino solo quienes disponen su vida por lo que es justo (Amós 5:24).

¿Cómo un país que dice profesar la fe bíblica está hundido en la violencia? La verdadera devoción se manifiesta en el amor al prójimo como a uno mismo, cuando la religión deja de contender y se dedica a amar (1 Juan 4:8); Sí, el amor como política pública. Sí, la república amorosa.