• SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • https://sprinforma.mx/noticia/juventudes-efimeras-nostalgias-permanentes
  • hace 1 día
  • 18:09
  • SPR Informa 6 min

Juventudes efímeras, nostalgias permanentes.

Juventudes efímeras, nostalgias permanentes.

Por Jorge Hernández Aguilera

“Se pueden adquirir conocimientos y conciencia a lo largo de toda la vida, pero jamás en ninguna otra época de su existencia una persona volverá a tener la pureza y el desinterés con que, siendo joven, se enfrenta a la vida”.                            

– Fidel Castro Ruz

Salvador Allende definía con sublime lucidez que la esencia biológica de la juventud es el espíritu revolucionario. Entendiendo la revolución no como el hecho de contradecir de facto cualquier posición, sino, como elemento de transformación del estado de cosas. Ser revolucionario no implica una actitud de “rebeldía incausada”, la vida revolucionaria no se lleva en la boca, como afirmaba Ernesto Guevara, la vida revolucionaria se suda cada segundo, en los diversos ámbitos de la vida.

Para el INEGI una persona joven es aquella que tiene entre 15 y 29 años de edad. De acuerdo a la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica hay 31 millones de jóvenes, siendo el 25% del total de los habitantes. Las juventudes tienen una predominancia demográfica respecto a la incidencia político electoral, la articulación de este sector es definitoria en los procesos de elección popular.

En diversos paneles, la premisa que fundamenta la exigencia de incluir a los jóvenes en los espacios de la toma de decisiones públicas, alude al propio estado de juventud. Es decir, el joven exige le sea permitida la inserción al poder, por el simple hecho de ser joven. Como si el pertenecer a algún sector social fuera suficiente para representar a políticamente a determinado sector. 

La realidad es que la juventud es un estado temporal; momentáneo; efímero. Ser joven en sí mismo, no representa ningún mérito. No se puede plantear la exigencia de espacios públicos, por el simple hecho de ser joven. La juventud se evapora día tras día, quienes hoy nos identificamos como jóvenes, según nuestra edad, eventualmente dejaremos de serlo. Y no quedará más argumento para exigir la apertura de espacios públicos, pues la edad ya no jugará de nuestro lado.

Por tal motivo es trascenderse plantear el rol que le corresponde a las juventudes en el proceso de transformación que como país vivimos. Fundamentalmente deberíamos plantearnos como generación las nuevas formas de hacer política, formas ajenas al oportunismo, chapulineo, nepotismo, amiguismo y demás expresiones del añejo régimen, que tanto daño ha hecho a nuestra nación. Generacionalmente se replican las formas de moldear a quienes aspiran tener un espacio de poder público. 

Se consolidan estirpes de autodenominados “líderes”, donde los estos no lideran nada, pues en una organización de “líderes”, no hay algo a que darle guía. Los abrazos estruendosos, acompañados del unísono “¿Cómo estás mi líder?”, son una constante en las “revoluciones de café”, donde –desde una mesa- se resuelven los problemas del mundo, teniendo por testigo a los cafés descafeinados tamaño venti. 

En el imaginario de los “liderazgos juveniles”, cuya formación política se resume a la tertulia del capuccino, el futuro les espera con las puertas -de la suburban prieta- abiertas. No hay más mérito que la edad y las insaciables ganas de pertenecer a la élite, a costa de lo que sea.  

Las juventudes mexicanas nos hemos perdido en un ego sin retorno, omitiendo las excepciones, la constante de la colectividad juvenil ha sido la indiferencia. Podemos verlo reflejado en los nulos esfuerzos de exigencia democrática en las Universidades Públicas. Incluso dentro de la organización política de morena, desaparecieron en muchas entidades la figura de la Secretaría de Jóvenes de los Comités Ejecutivos Estatales. No hubo ningún esfuerzo conjunto que exigiera se mantuviera un programa para desarrollar políticamente a los cuadros jóvenes, de un plumazo, las juventudes fueron borradas de la organización partidista.

La consolidación de la transformación requiere postergar el interés individual por sobre el interés colectivo. Requerimos menos autodenominados “líderes” y más experiencias grupales. El cambio no lo hará uno. El cambio lo hará la ecuación matemáticamente errónea, pero socialmente funcional. La transformación será realidad cuando uno más uno, dé como resultado uno.  1 + 1 = 1.