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  • hace 4 días
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19 de septiembre

19 de septiembre

Por Rashid Pérez de la Peña

El decreto.

Eran aproximadamente las 13:00 del 19 de septiembre del 2017, estaba conmocionado en mi oficina por la visita del entonces aspirante a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, a la facultad de Derecho, misma donde yo asistiría a clases horas después —o al menos esa era mi idea en ese momento—. Igualmente, revisaba la respuesta en redes sociales de cientos de universitarios que acudieron a la facultad a conocer al que hoy es el presidente más querido de México en los últimos 50 años.  

Recuerdo que hablaba con mi madre sobre la visita de Andrés Manuel a la facultad y aprovechaba el momento para preguntarle cómo le había ido en el simulacro, el cual se realiza desde que yo tengo memoria, esta conmemoración consecuencia de aquel terrible terremoto de 8.1 grados en la escala Richter de 1985 que le arrebataría la vida miles de mexicanos. Terremoto que se repetiría el mismo día, pero horas más tarde, como si fuera una mala broma del destino.

Después de presenciar un terremoto de 7.1 grados en la escala de Richter desde mi recinto laboral de aquel entonces, ubicado frente a Parque Hundido, incomunicado por la falta de redes sociales y la saturación de llamadas que tiró la señal del celular, logré percatarme por la radio de un bolero que nos acompañaba sobre el derrumbe de los primeros edificios; recuerdo el reporte de una aparente colisión en la calle de Rebsamen, calles de la Roma, Condesa, de la Benito Juárez, entre otras.

Si bien en la Ciudad de México tenemos uno de los reglamentos de construcciones más estrictos por su contenido y alcance a nivel mundial frente a fenómenos naturales, todo puede pasar. Viniendo a mi cabeza mis padres, hermana, novia y seres queridos, por necesidad decidí trasladarme a avenida Reforma a buscar a mis padres; en el trayecto pude ver el caos ocasionado en avenida Patriotismo, varios negocios de la Condesa con ventanales y muebles rotos por el terremoto, cientos de personas trasladándose a pie, abandonando vehículos privados y transportes públicos.

Después de horas de buscar a mis padres entre la multitud, logré encontrarles, sintiendo alivio parcial, pues prevalecía la preocupación por aquellos de los que aún no tenía conocimiento. Más tarde llegaría a casa, ubicada en la Álvaro Obregón, donde —a consecuencia del sismo— no contábamos con luz, internet y otros dispositivos; dejándonos incomunicados del resto del mundo, sin saber cuál había sido el alcance real de aquel terremoto que sacudió fuertemente a la Ciudad de México —otra vez, un 19 de septiembre—.

20 de septiembre de 2017. Escuchaba a mis padres en la sala viendo los informativos matutinos, viendo las primeras imágenes y videos del sismo en diferentes partes del Valle de México y los derrumbes que le costarían la vida a muchos mexicanos. Una vez más el pueblo organizándose para salir a las calles, otra vez un presidente de la República (Enrique Peña Nieto) en crisis y superado por la situación; los mexicanos aglutinándose para ir a buscar a familiares y amigos debajo de los escombros, pues la esperanza de sacarlos y tenerlos era la constante. El pueblo unido y el pueblo uniformado se hicieron uno una vez más: la Secretaría de la Defensa Nacional activaría el Plan DN-III-E en el área Metropolitana de la Ciudad de México, demostrando nuevamente que el ejército siempre ha estado a la altura de las circunstancias cuando el pueblo más lo ha necesitado.

Lamentablemente, el sismo costó cientos de vidas humanas, que hasta la fecha son y serán conmemoradas respetuosamente. Las consecuencias del sismo una vez más nos dio muchas lecciones, demostró que la unidad —pese a las discrepancias políticas— es el único camino para salvar a la nación. Se demostró que las y los mexicanos son solidarios con un alto valor por la vida humana, pues hubieron unos que arriesgaban sus vidas por desconocidos.

Hoy, después de cinco años, este 19 de septiembre del 2022, de nueva cuenta se sintió en la ciudad de México un sismo, esta vez de 7.7 grados en la escala Richter, con epicentro en Michoacán, sismo que se sintió en la Ciudad de México, Guerrero, Michoacán, Jalisco y Colima principalmente. Cientos de mexicanos revivimos en nuestro imaginario colectivo escenas del 85 y de 2017. A consecuencia de la intensidad del sismo, lamentablemente se perdió una vida en el estado de Colima; esto de acuerdo al informe del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Los estados más afectados fue Colima y Michoacán, en la ciudad de México “afortunadamente” solo hubieron ataques de pánico por crisis, consecuencia de lo ocurrido en el pasado.

El pueblo de México ha superado malos gobiernos, traiciones y diferentes catástrofes naturales; siempre en pie de lucha, solidario a las desgracias nacionales e, incluso, internacionales. Después de lo ocurrido en el 1985, 2017 y 2022, el 19 de septiembre para las y los mexicanos representará un día sumamente simbólico, histórico y, sobre todo, seguirá siendo un día que nos orille a reflexionar sobre la levedad de la vida y que solo se puede ser feliz ayudando a los demás.